Más cerca de volver a disfrutar de las salinas del Río

Más cerca de volver a disfrutar de las salinas del Río

Pedro San Ginés y Echedey Eugenio se trasladan a ese emblemático espacio para visitar el resultado de los trabajos de la primera campaña de un proyecto “muy ilusionante, por todo lo que significa recuperar estas salinas, para Lanzarote, los lanzaroteños y el conjunto del archipiélago”

Las actuaciones han estado centradas en la recuperación paisajística del fuerte, el muro del caño principal, los tramos más deteriorados del muro que separa el cocedero madre del cabecero, los pasos entre los cocederos y la tajería, el primer tomadero, los muros del almacén de la sal y el caño del partido de la fina

La segunda fase comenzará a ejecutarse el próximo verano, una vez finalice la temporada de nidificación de las aves que viven en aquel hábitat

El presidente del Cabildo de Lanzarote, Pedro San Ginés, y el presidente del Consejo de Administración de los Centros, Echedey Eugenio, se desplazaron esta mañana hasta las salinas del Río, o de Gusa, en el norte de la isla, para comprobar el resultado de la finalizada de la primera campaña del proyecto de rehabilitación que están acometiendo los Centros en ese emblemático lugar. Acompañados por el consejero delegado de la Entidad, José Juan Lorenzo, San Ginés y Eugenio han podido comprobar in situ la evolución de un proyecto “muy ilusionante, por todo lo que significa recuperar estas salinas, las más antiguas de Canarias, para Lanzarote, los lanzaroteños, y el conjunto del archipiélago”. Eugenio explicó, además, que la recuperación de las salinas del Río es “esencial en la estrategia de recuperación de espacios que cuentan con una importante carga de valor histórico, patrimonial y etnográfico que estamos poniendo en práctica desde los Centros. De forma paralela, con este trabajo abrimos un escenario muy amplio para la recuperación paisajística del entorno cercano al Mirador del Río y para la regeneración ambiental de esta zona”. A esta visita asistieron, además, los responsables de la empresa especializada en morteros de cal Cumen, interesados en comprobar el resultado de la aplicación de sus materiales en una obra tan singular.

Básicamente, los trabajos de esta primera campaña han consistido en la rehabilitación de 720 metros del Fuerte de Defensa con camellón de escollera de callados y de 250 metros de muro del caño principal con morteros de cal, callados y fondo de barro; la reparación total de los tramos más deteriorados del muro que separa el cocedero madre del cabecero y de los pasos entre los cocederos y la tajería; y la reparación parcial del primer tomadero, de los muros del almacén de la sal y del caño de partido de la fina. “Esta primera fase” explicó San Ginés, “ha estado centrada en recuperar los muros que el abandono y el mar habían destruido y evitar, así, que las salinas se vuelvan a inundar y puedan, en un futuro más o menos cercano, recuperar el característico, llamativo y admirado color rojo que le daban la Artemia salina y otros extremófilos que habitaban en ellas”.

Las obras dieron comienzo el pasado 6 de agosto, y han contado con la participación de un equipo de pedreros contratado por los Centros de Arte, Cultura y Turismo, un maquinista de SCCATMECA y un equipo de albañilería de Construcciones JM La Graciosa, supervisados por Alberto Luengo, arquitecto experto en la materia, y el departamento de Conservación y Mantenimiento de los Centros.

Como curiosidades, hay que señalar que durante los trabajos se ha colaborado con el Banco Español de Algas, a través de la Universidad de Las Palmas, que ha recogido y está analizando muestras de las microalgas que se encuentran en las salinas. De forma simultánea, un laboratorio de Barcelona ha realizado analíticas de los barros y la cal antigua presentes que, de inicio, revelan resultados que desafían todas las teorías actuales sobre el uso de los morteros de cal en la construcción.

La primera campaña del proyecto de rehabilitación de las salinas del Río ha contado con un presupuesto de alrededor de 220.000 euros procedentes del Fondo de Desarrollo de Canarias (FDCAN), que se gestiona desde la Unidad de Planificación y Coordinación de proyectos del Cabildo de Lanzarote que coordina Saray Rodríguez.

Está previsto que los trabajos de la segunda campaña den inicio a comienzos del próximo verano, una vez finalice la época de nidificación de las aves que viven en ese hábitat. Será cuando se ejecuten, de forma gradual, la restauración de los elementos construidos de las salinas como murados, resto de caños y tajos, así como la rehabilitación del almacén de la sal, que el presidente anunció se dedicará a fines “didácticos, científicos y lúdicos” .

Breve historia de Las Salinas del Río

Con una superficie total de unos 106.165 m², las Salinas del Río, o de Gusa, situadas al pie del Macizo de Famara, son las más antiguas de Canarias, iniciándose su construcción hacia el año 1500 por el primer Señor de Lanzarote, Sancho de Herrera. Su origen deviene de la existencia de una laguna salada que se interviene para aprovechar sus fondos naturales de barro, y al hecho de que se llenaban de forma natural por la intrusión marina.

Fueron las únicas del archipiélago hasta que en torno a 1760 empezaron a desarrollarse las salinas de Gran Canaria vinculadas a la pesca de berbería.

La primera estimación sobre la producción de sal en el archipiélago (José de Iriarte, 1780) establece que las del Río representaban el 20% de las 14.100 fanegas que se producían en las islas.

La primera inscripción de las Salinas del Río en el Registro de la Propiedad data de 1871.

A finales del siglo XIX, con el auge de las pesquerías del banco canario–sahariano, las salinas adquieren su actual dimensión.

Se estima que la producción de las Salinas del Río podría haber alcanzado las 1.300 toneladas al año, si bien el único dato del que se tiene constancia es de 1.000 toneladas al año.

En la década de los años 30 del pasado siglo comienza el declive de las Salinas del Río con el establecimiento de nuevas salinas en Lanzarote más accesibles y mejor comunicadas.

Con la aparición del frío, y hacia 1970, empiezan a desaparecer todas las salinas de Lanzarote. Las del Río, con sus más de cinco siglos de historia, se paralizaron definitivamente cuando los pescadores de La Graciosa abandonaron la práctica de recolectar la sal espontánea de la tajería para la salazón de la sardina.