La fábula del capitán y las vacunas

La fábula del capitán y las vacunas

El barco se hundía y para llegar a la costa había que recorrer casi dos kilómetros a nado. El mar estaba enfurecido y había una alta probabilidad de que las personas mayores no pudieran alcanzar la tierra por sus propios medios.  Por fortuna, disponían de una lancha salvavidas. Los pasajeros del barco se pusieron en fila y la conciencia social hizo que dejaran los primeros puestos a los ancianos porque el resto tenían mayor probabilidad de sobrevivir si caían al agua.

 La tensión y la tragedia se mascaba en el aire, había miedo en sus rostros y cuando creían que nada podía empeorar, apareció al Capitán del barco con su familia y con gesto altivo y arrogante, se saltó la cola y ocupó los primeros asientos de la lancha haciendo caso omiso, de que esos sitios, debían ser para alguien que tuviera menos oportunidades de sobrevivir que ellos, e incluso, una vez dentro, invitó a un par de amigos para que se sentaran a su lado.

Aquella noche, la lancha salvavidas llegó a la costa. La familia y amigos del Capitán, pisaron tierra firme y lo celebraron juntos dando saltos de alegría, sin importarles, los cadáveres de los ancianos, que se encontraron flotando en el mar por el camino. Algunos de ellos se podían haber salvado de haber ido en la lancha, pero por desgracia, parte de esos asientos los ocuparon el egoísmo y el abuso de poder.

Han pasado meses. El Capitán del barco y su familia no han hecho comentarios sobre lo sucedido, en muchos casos, ni siquiera se ha publicado su nombre. Los cuerpos de los ancianos fallecidos siguen flotando en el mar. 

No hay justicia. 

No hay ética. 

No hay memoria.

¿Deberían inhabilitar al Capitán o permitirle que dirija un nuevo barco aun sabiendo su comportamiento? 

En España la gran mayoría de los políticos que se saltaron las normas y se pusieron la vacuna cuando no les correspondía siguen en sus cargos políticos sin consecuencias, muchos no han dimitido y en muchos casos no se han publicado sus nombres. Siguen agarrados a sus asientos con la misma fuerza con la que se agarraban al sillón de la lancha mientras veían flotar los cadáveres de los ancianos a su lado. 

Coherencia y justicia. 

Gobernar debería ser pensar en el pueblo por encima de uno mismo.

Autor: Ismael Lozano Latorre

Escritor de “La sirena de Famara” y “Vagos y Maleantes” 

@ismael_lozano_latorre