La fotografía ganadora del World Press Photo este año (que en realidad está tomada, como el resto, el año pasado) no es visualmente espectacular. No hay gritos desgarrados de dolor ni cualquier otro acontecimiento que atriga poderosamente la atención del espectador. Precisamente es esa cierta insustancialidad lo que intriga y uno se pregunta, ¿qué es lo que pasa (más allá de lo que se ve) en esa escena tan de película, en la que un policía tienta al peligro en una casa destrozada? Lo que sucede es que el agente registra una casa recientemente deshauciada, en un país en el que la segunda enmienda otorga el derecho de tener un arsenal casero a cualquier hijo de vecino, con el que se tiene la posibilidad de desfogarse, por ejemplo, en un deshaucio. Era de esperar que en este año la protagonista de la World Press Photo of the Year sería La Crisis. Y, efectivamente, la premiada es un muy buen intento para dar forma semejante fantasma.
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