El Almacén, el reducto de resistencia cultural que renació hace diez años
Hubo un tiempo en el que la cultura de Arrecife “se quedó huérfana”. El Centro Insular de Cultura El Almacén, que fue impulsado por César Manrique y que entonces llevaba 35 años funcionando, cerró sus puertas en 2009, coincidiendo además con el cierre de la Casa de la Cultura de la capital. La ciudad se quedó sin dos de sus principales espacios culturales, dejando un vacío en muchos ámbitos artísticos, pero especialmente en el de las artes plásticas.
En teoría, la despedida de El Almacén iba a ser temporal, pero las obras de remodelación y los permisos se dilataron durante siete años, haciendo temer que nunca llegara la reapertura. Sin embargo, finalmente llegó. En septiembre de 2016 volvió a abrir sus puertas, hace ahora diez años, bajo el nombre de Centro de Innovación Cultural. Y es que la reapertura no solo supuso recuperar un espacio, sino también la idea con la que había nacido.
“En el primer manifiesto que hace Manrique con Yayo Fontes, Luis Ibáñez y Pepe Dámaso cuando crean El Almacén, tenían claro que este espacio tenía que ser un laboratorio de experiencias culturales y artísticas”, subraya el equipo técnico que se encarga de diseñar la programación y de mantener vivo ese espíritu, siempre con la mirada puesta en la cultura contemporánea.
“Debe seguir siendo un espacio de diálogo, de encuentro y de pensamiento crítico”, defienden. “Para nosotros es fundamental entender que lo que ocurre sobre un escenario debe cambiarte la mirada, y hay pocos sitios en la isla donde poder recibir estímulos como los que vas a recibir aquí”.
Tres etapas
En la primera etapa de El Almacén, entre 1974 y 1989, Manrique era el alma. Hasta allí atrajo a artistas de prestigio internacional, acercándolos a la sociedad lanzaroteña y abriendo el camino para que la isla viviera su propia explosión cultural. Después, cuando el artista vendió el inmueble al Cabildo, se inició un nuevo periodo en el que la actividad creativa perdió peso.
La Corporación insular estaba desarrollando entonces el área de Cultura e instaló su sede en El Almacén, lo que hizo que buena parte del espacio pasara a tener un uso administrativo y de oficinas. Siguieron abiertos el cine, la galería de arte y el aljibe, pero fue en 2016, con la reapertura, cuando se decidió recuperar ese origen como centro de producción y promoción artística.

Hoy su objetivo sigue siendo complementar la actividad cultural que existe en la isla “de una manera novedosa”, “arriesgando con contenidos y propuestas no habituales en las programaciones insulares”. Reconocen que a veces es “una lucha titánica”, porque reman contracorriente de las tendencias más populares, pero tienen clara su meta. Quieren “mantener viva la llama” de lo que entienden que debe ser la cultura: “un reducto de resistencia en una sociedad cada vez más homogeneizada”.
Más allá del cine
Muchos siguen asociando El Almacén a la sala de cine Buñuel, que se potenció sobre todo en la segunda etapa, pero el equipo técnico aclara que desde hace tiempo, la programación cinematográfica “ha pasado a ser un complemento” del resto de actividades. Lo que señalan como “actual motor de contenido” es la parte plástica y formativa, que convive con otras líneas programáticas, como la música y la escena contemporánea, que también ha ido ganando peso y esperan seguir reforzando el próximo año.
“Lo que ocurre sobre un escenario debe cambiarte la mirada, y hay pocos sitios en la isla donde poder recibir estímulos como los que vas a recibir aquí”
“La programación de cine debe mantenerse, porque disfrutar el visionado de una película en colectividad sigue siendo estimulante, pero esta manera de consumir una propuesta audiovisual ha cambiado mucho en los últimos años, especialmente con los avances técnicos, que nos permiten ver cine en casa con una calidad extraordinaria”, apuntan. Cuando El Almacén cerró sus puertas en 2009, las grandes plataformas de cine apenas daban sus primeros pasos, y este espacio era la única opción en Lanzarote para poder disfrutar de propuestas de cine alternativo o independiente. Sin embargo, desde que reabrió en 2016, la cultura cinematográfica ya se había transformado.
“Antes era relativamente fácil programar películas que no se podían ver de otra forma, pero ahora ha mermado la posibilidad de ofrecer títulos que no ofrezca ya la tele a través de las plataformas digitales especializadas”, explican. Sin embargo, aunque la cantidad de público ya no es la que tenían hace 15 o 20 años, siguen apostando por esa “mirada hacia el cine de una manera distinta”.
Además, a su propia programación semanal se suman proyectos que han ido complementando esa apuesta por el séptimo arte, como el Cine Club impulsado por Tenique Cultural un sábado al mes y, por supuesto, las dos principales citas cinematográficas que acoge la isla, y que tienen El Almacén como sede principal: el Festival Internacional de Cine de Lanzarote y la Muestra de Cine de Lanzarote.
Apuesta por los artistas
Si un espacio como El Almacén es importante para su público, para los artistas locales lo es aún más. Desde el área de Cultura del Cabildo, que dirige el consejero Jesús Machín, destacan que la isla vive un momento favorable a nivel artístico, con “una cantera con muchísimo talento” en distintas disciplinas, como bellas artes, música, danza, diseño o arte dramático. Sin embargo, son conscientes de que poder vivir de esta profesión en la isla es muy complicado.
No obstante, pese a las “limitaciones”, subrayan que Lanzarote arrastra una tradición artística impulsada por Manrique que se ha mantenido, y que hace que disponga de una oferta cultural muy superior a la de otras islas no capitalinas. Lo demuestran eventos como los festivales Arrecife en Vivo, Sonidos Líquidos, Música Visual, Traslación, Palabras al Vuelo o las Jornadas de Fotografía 29/13, que “nos convierten en una especie de hervidero artístico”, y eso es lo que pretende potenciar El Almacén abarcando otros ámbitos.

“Muchos valoran trabajar aquí y que de alguna manera su trayectoria artística esté vinculada con El Almacén”, afirman desde el equipo técnico. Además, apuntan que actuar o exponer en este espacio tiene una carga adicional de “responsabilidad” para los artistas, “para que cualquier acción que se haga aquí esté bien hecha, tenga solvencia y se haga con rigor”, por la historia que tiene a sus espaldas. Y esa responsabilidad también la comparten las personas que gestionan este espacio: desde implementar buenas prácticas de respeto a los artistas y a su obra, hasta “arropar” a todos los profesionales que están detrás de los que suben al escenario, y que hacen “el trabajo invisible”.
Lo que viene
De cara a la nueva temporada que comienza, El Almacén ya tiene varias fechas marcadas en el calendario. Una de ellas, el 8 de octubre, cuando se inaugurarán tres exposiciones: la del fotógrafo lanzaroteño Germán Páez y las de María Rosa Aránega y Jesús Madriñán, fruto de las residencias artísticas que ambos realizaron en la isla.
El legendario cine Buñuel se ha convertido es un “complemento” de todas las actividades que acoge el centro, desde plásticas y formativas hasta escénicas
Tampoco faltarán las artes plásticas ni otras citas consolidadas con las artes visuales, como el encuentro Veintinueve Trece, que regresará en noviembre. Además, en la sala oscura está prevista una videoinstalación de la reconocida artista Marina Abramović. En cuanto a la parte divulgativa, incluye ciclos de conferencias como “Una habitación propia”, con el que reivindican espacios donde la mujer pueda pensar, crear y divulgar, “como defendía la escritora Virginia Woolf, que habla de todos esos discursos femeninos silenciados en la literatura, en el arte, en el teatro…”
Además, seguirán apostando especialmente por la parte escénica y musical, que se está convirtiendo en otro de los pilares de El Almacén, a pesar de las limitaciones que impone el espacio. “Este año hemos logrado mantener cada viernes alguna actividad y tenemos intención de potenciarlo a partir de 2027”, explican desde el área de Cultura.
Por las características de la sala no puede acoger grandes escenografías, pero están encontrando formatos que se adaptan a ella y que dan respuesta a una demanda creciente entre el público. “Funcionan muy bien, porque hay una necesidad de encontrarse con propuestas escénicas en vivo, muy cercanas, donde el artista esté a escasos metros de los espectadores. Eso genera una percepción distinta, una conexión mucho más potente que en un teatro convencional no ocurre y en la calle tampoco”.

Además, tienen previsto sumar “nuevas miradas a creadores que no son habituales en las programaciones”, especialmente del continente africano. Recuerdan que El Almacén ya fue pionero en eso, con una Semana de la Cultura Africana celebrada en 1974, y ahora quieren retomar esa línea. “Generalmente, cuando se piensa en cultura africana, de inmediato se piensa en bailes y máscaras tradicionales o en la gastronomía, pero no en fotografía, cine o danza contemporánea, que tiene tanta relevancia y significación como en Europa o en cualquier otro continente, pero que sigue siendo una gran desconocida”.
Llegar al público
Aunque El Almacén ha vuelto a ser en estos diez años “un refugio para descubrir nuevas maneras de entender el arte”, su reto sigue siendo llegar a más público. “Estamos rodeados por una oferta cultural mucho más generalista, que poco o nada tiene que ver con lo que aquí ocurre”, explican.
El espacio cuenta con un público fiel, muchas veces vinculado al propio tejido artístico de la isla o al mundo de la docencia, aunque hay eventos que llenan la sala al completo, como un concierto de fado, una performance o una acción de teatro contemporáneo. Para el espectáculo “Cruza la pasarela”, de Pedro Ayose, Cristóbal Tabares y Mare Cabrera, que tuvo lugar el pasado 13 de agosto, las entradas se agotaron a los pocos días de salir a la venta. Sin embargo para otras citas, especialmente las que tienen que ver con la literatura, cuesta más.
“En Lanzarote ahora mismo hay un boom literario y un montón de editoriales, pero como la literatura siempre ha sido una actividad tan personal e individual, dinamizar acciones que tienen que ver con las letras, traer autores o autoras, establecer conversaciones o mesas redondas, es un poco más complicado de vender, salvo que sean grandes estrellas mediáticas”, precisan. Sin embargo, reivindican la necesidad de seguir apostando por ello, por “tocar todos los ámbitos posibles de la cultura contemporánea” y “no dejar fuera lo minoritario”.
El desafío es que esas acciones vayan atrayendo cada vez a más público, “para que eso se mantenga”, y especialmente que empiece a llegar a los jóvenes. Es decir, revertir la tendencia que viven casi todos los espacios culturales que ofrecen arte de vanguardia, donde es difícil encontrar público por debajo de los 30 años.
“Nos encantaría que las nuevas generaciones siguieran viendo El Almacén como un laboratorio. Es decir, no como un lugar cerrado donde las cosas ya están cristalizadas, sino como un sitio donde poder experimentar, donde poder ser partícipe de todo lo que aquí está ocurriendo”. Ser “esa ventana hacia afuera” que proyectó Manrique hace 52 años, “por la que asomarnos los que vivimos aquí y ver y participar de todo eso”.
Para ello, proyectan “romper los límites físicos” tanto de este edificio como del Teatro “El Salinero” que también gestiona el Cabildo. “Que empiecen a ocurrir cosas fuera de los espacios físicos en sintonía con lo que ocurre dentro, de tal forma que la ciudadanía perciba que lo que ocurre en estos espacios también le pertenece”.

El bar, la cocina de la cultura
“Sin el bar, El Almacén sería otra cosa”. El equipo de Cultura del Cabildo lo tiene claro, y por eso defiende la importancia de que siga funcionando, pese a las dificultades que ha atravesado a lo largo de su historia, hasta que en 2022 inició una nueva etapa bajo la gestión de los Centros Turísticos.
Desde sus inicios, en tiempos de Manrique, el bar era directamente “el corazón” de El Almacén. España vivía los últimos años de la dictadura y allí se producía buena parte de la vida social y cultural, convirtiéndose en un “reducto de libertad, de diálogo y de expresión”.
Esa función de punto de encuentro se ha mantenido a lo largo del tiempo, y el bar Picasso sigue siendo hoy un lugar donde se reúne buena parte del sector creativo de la isla. “Es una especie de laboratorio donde cristalizan ideas”, explican. Conversaciones que comienzan tomando algo, encuentros entre artistas y profesionales de distintas disciplinas o simplemente divagaciones pueden terminar convirtiéndose en proyectos.
La concepción del bar responde, de hecho, a una idea que Manrique ya tenía clara: acercar al público a la cultura a través de un espacio cotidiano, para después conducirlo hacia el resto del centro. De hecho, a día de hoy sigue siendo muchas veces “el motor del éxito del resto de la actividad”, porque “es el punto de unión” con los demás espacios. Lo que lo conecta todo.
En el día a día, por allí pasan clientes de todo tipo, incluidos turistas, pero cuando hay una actividad, el bar “se transforma”. Allí se encuentran quienes acaban de asistir a una exposición, una proyección, una performance o un concierto con quienes acuden habitualmente, y esa mezcla convierte el espacio en mucho más que un bar. “El tipo de encuentros ha ido cambiando, pero sigue siendo el motor para que ocurran cosas. Es la cocina de la cultura”.
https://www.masscultura.com/revista-mensual-de-ocio-y-cultura-de-lanzarote-septiembre-178/
https://www.masscultura.com/agenda-cultural-septiembre-lanzarote-cabildo-2026/