Una deuda con nuestro pasado
Lanzarote vive una contradicción que cada vez resulta más difícil de explicar: mientras los equipos de arqueología continúan sacando a la luz nuevos restos y ampliando el conocimiento sobre los primeros pobladores de la isla, seguimos sin un Museo Arqueológico donde mostrar esos hallazgos.
Los descubrimientos recientes reflejan hasta qué punto queda todavía por descubrir sobre el pasado de Lanzarote. En San Marcial de Rubicón, la investigación obligó el pasado año a ampliar el proyecto tras localizar trece inhumaciones, cuatro de ellas infantiles. Y este mismo año las prospecciones se han extendido al fondo marino entre Punta de Papagayo y Playa de las Mujeres, donde se han identificado vestigios arqueológicos inéditos.
En Zonzamas, por su parte, acaba de ponerse en marcha un proyecto de investigación sistemática de cuatro años, dotado con 100.000 euros, que incluye excavaciones, prospecciones y estudios de materiales mediante técnicas avanzadas.
Todo ese trabajo genera conocimiento y también fondos arqueológicos. Pero, como recuerda en esta edición de Mass Cultura el presidente de la asociación Pueblo Maho, hay cientos de piezas que permanecen almacenadas y que la población nunca ha podido contemplar.
No parece una situación coherente con la importancia del patrimonio que se está investigando, y tampoco con la propia legislación canaria. La Ley de Patrimonio Cultural establece que cada isla debe contar con su museo arqueológico, destinado a albergar los fondos generados en ese territorio. Y contempla además los museos de sitio como espacios complementarios, dependientes de los museos arqueológicos insulares.
Por eso resulta importante no confundir ambos conceptos. Que Lanzarote avanzara por fin en la creación de un museo de sitio en Zonzamas sería una magnífica noticia. Permitiría acercarse al propio yacimiento, pero no resolvería la ausencia de un museo arqueológico insular. Una cosa necesita de la otra.
El Museo Arqueológico Insular que lleva décadas apareciendo en proyectos, anuncios y planes, y que sigue sin hacerse realidad, no es solo un edificio con vitrinas donde colocar objetos antiguos: es el espacio que permite construir un relato sobre quiénes fuimos, cómo vivieron quienes habitaron la isla antes de la conquista, qué relación mantuvieron con el territorio y qué huellas dejaron. Porque el patrimonio no existe únicamente para ser protegido: también existe para ser conocido, estudiado, interpretado y transmitido.
