Así llegó el rock a la isla: seis décadas de acordes en primera persona
Mame Spínola era entonces “muy pequeño”, pero no olvida la primera vez que escuchó unos acordes de rock en directo. “Yo estaba en el parque y estaban probando el sonido”, recuerda. Habla del grupo Rubicón, que fue clave en la expansión de este género musical a la isla en los años 70. “No es lo mismo escuchar música a través de un cassette o de lo que fuera, que la vivencia de cuando llegas a un concierto y ves por primera vez algo que te sorprende y dices: Vaya, esto se puede hacer”, añade Óscar Pérez.
Para Elio Pérez, que en los años 80 estaba empezando “sus primeras salidas” y asistía a sus primeros conciertos, un momento muy especial fue cuando vio en directo a Marca Acme: “Me quedé fascinado, era como jugar en otra liga”. Neftalí Acosta, sin embargo, tardó más en vivir esas experiencias: “Como soy de San Bartolomé, hasta cierta edad no pude salir del pueblo y no bajé al puerto, y no podía ver muchas de estas bandas”. Después se quitó la espina, impulsando algunos de los principales festivales de rock que ha tenido la isla, incluyendo el consolidado Sonidos Líquidos.
Para los cuatro, el rock ha sido mucho más que una afición. Ha sido un modo de vida, y de todo ello hablaron en el ciclo Memoria de los Jueves, organizado por el Cabildo de Lanzarote. La sala José Saramago de la Fundación César Manrique se quedó pequeña para albergar al público que quería asistir a la charla, moderada por el músico y periodista José María de Páiz. Eso sí, la media de edad de los asistentes, y de los que se quedaron sin entrar al completarse el aforo, era elevada. A día de hoy, ese es el principal desafío del rock lanzaroteño.
Sin relevo
“Hoy vemos grupos como Drûpe, Los Iguales, Clavelitos o Faktótum, pero estamos hablando de bandas en las que la media de edad es alta. Son todos unos puretas. No hay cantera en el mundo del rock, o al menos yo no la encuentro”, advierte Neftalí Acosta, que lamenta que hoy sus hijos “pasan del rock”. Solo lo escuchan porque “se lo ponen” su padre y su madre. “No hay cantera de nuevas bandas. Se están haciendo cosas chulas, pero son músicos que llevan muchos años”, insiste, defendiendo que “en el mundo del pop rock hace falta una transfusión de sangre para actualizarlo un poco”.
“No es lo mismo escuchar música en un cassette que vivir por primera vez un concierto y pensar: esto se puede hacer”
Mame Spínola, que además de productor musical ha sido guitarrista en bandas como Los Cerrajeros Rock, Dadá, Ron Amarillo, El Lenguaje de los Delfines, Atril, Los Grillos y Faktótum, sigue dando batalla. “Yo soy un superviviente”, defiende. “Mi mayor problema es que son muy perezosos los otros miembros de la banda, y en esto hay que volcarse en cuerpo y alma, porque si no, no sale para adelante”.
El músico y DJ Elio Pérez, que también tiene una larga trayectoria de bandas a sus espaldas -comenzó a mediados de los 80 como batería en Tal Como Suena y desde entonces ha militado en una quincena de grupos como Pechuga Band, El Cuarto Ambulante, Cadaver Depot o Los Iguales, tanto a la batería como a la voz y la guitarra-, coincide: “Cada dos años sale alguna banda nueva, pero seguimos siendo los mismos”. En su opinión, parte de la culpa está en las redes sociales, que “han hecho mucho daño” y han transformado el tiempo de ocio de los jóvenes. “Antes no tenías mucho que hacer: o te metías en algún deporte o te montabas una banda de rock, que era lo que molaba”.
Óscar Pérez, conocido musicalmente como Oscartienealas, es más optimista. Desde hace más de una década organiza el Teguise Music Showcase, para grupos noveles, y defiende que siguen llegando nuevas formaciones. Admite que hay un cambio, porque incluso la venta de instrumentos clásicos del rock ha descendido en todo el mundo, pero cree que se trata de una evolución. “Cuando yo tenía 15 años estaba por ahí con una guitarra, pero hoy tienen un ordenador para hacer música, y la creatividad va a ser constante. Si decimos que el rock es un grupo tocando con instrumentos analógicos sí falta relevo, pero para mí el rock es mucho más”.
El origen
Casi todos coinciden en que el grupo Rubicón fue el responsable de introducir el rock en Lanzarote, pero hubo “una prehistoria”, que se remonta a la década de los 60, con grupos como Los Rebeldes y Los Jóvenes, y también con un nombre propio. “Idelfonso Aguilar introduce en la isla el rock, en su más puro estilo de los años 60 de Norteamérica”, señala José María de Páiz.
No había grandes escenarios ni equipos sofisticados. Eran tiempos de instrumentos inventados, amplificadores prestados y estética importada a trompicones y con la intuición de que aquello que estaba sonando iba a cambiar algo para siempre. “A finales de los 50, principios de los 60, aquí en la isla tendría que ser un shock escuchar rock por primera vez”, apunta Óscar Pérez.
“La primera vez que vi en directo a Marca Acme me quedé fascinado. Aquello era como jugar en otra liga”
En los 70 llegó ya Rubicón, la primera banda lanzaroteña que empezó a escribir sus propios temas. “Vienen con una estética completamente rockera, que es la que se llevaba en Europa en aquel entonces: pelos largos, chalecos, colores, las guitarras más afiladas… Yo creo que se integran perfectamente en cuanto a imagen y la música que estaba ya en el exterior”, señala De Páiz.

Lo peor es que la mayoría de aquellos sonidos se han perdido, porque en la isla ni siquiera había entonces dónde grabar. Como un tesoro, Óscar Pérez guarda un documento sonoro que consiguió en un trabajo de investigación. Es una grabación de unos 40 minutos de un concierto de Rubicón en El Almacén. “Se grabó con un solo micrófono y con una grabadora”. Aclara que “no se escucha bien del todo”, pero a él, que no vivió aquella época, le permitió escuchar por primera vez a Rubicón.
“Tocar en las fiestas de San Ginés era como actuar en el Madison Square Garden”, recuerda Elio Pérez
Los ochenta
Los años ochenta marcaron el despegue definitivo del rock en Lanzarote. Ya no se trataba solo de una anomalía cultural ni de un puñado de grupos aislados, sino de una escena que empezaba a reconocerse a sí misma. La prioridad era tocar, aunque fuera en condiciones precarias y en espacios improvisados.
A comienzos de la década, Maraballas Band dejó una huella histórica al grabar el primer vinilo de un grupo lanzaroteño. Canciones como Mamá, córtame el queso o Rusiareflejaban bien el descaro y el espíritu de la época. Pero más allá del disco, lo importante fue demostrar que grabar era posible y que el rock hecho en la isla podía dejar constancia material.
La escena creció en casas particulares, parques, institutos y cualquier lugar donde cupiera una batería. Se compartían instrumentos, se cargaban amplificadores a pulso y se pasaban tardes enteras tocando. En ese contexto aparecieron bandas como Papita Rala, Cesagueli y sus Músicos, Los Cerrajeros o Tal Como Suena, en el que comenzó Elio Pérez. “Tocar en las fiestas de San Ginés era entonces como tocar en el Madison Square Garden. Era lo más grande, el éxito total de tu evolución”, subraya.

También fue el momento en que el punk y los sonidos más duros encontraron su espacio. Subproducto Tóxico se convirtió en el primer grupo punk de Lanzarote, aportando una actitud distinta y un discurso más directo dentro de una escena que empezaba a diversificarse.
La década dejó además otro hito importante: la irrupción de las mujeres en una escena hasta entonces masculina. Besos y Rasguños fue el primer grupo rockero femenino de Lanzarote y uno de los primeros de Canarias en grabar un videoclip. Poco después, Sin Sentido confirmó que el rock femenino no era una excepción aislada.
Pero si hubo una banda que colocó definitivamente a Lanzarote en el mapa fue Marca Acme. Sonaron en Radio 3, grabaron un EP y lograron salir del circuito insular, compitiendo en igualdad de condiciones con bandas de fuera. Para muchos músicos jóvenes de la isla, verlos en directo supuso descubrir que existían otros niveles y que desde Lanzarote también se podía aspirar a ellos.
Los noventa
El rock ya se había asentado en Lanzarote, pero los noventa marcaron un cambio de escala. Ya no se trataba solo de tocar en la isla: algunas bandas empezaron a salir fuera, a grabar discos y a circular por otros territorios, aún en un contexto sin redes sociales ni plataformas digitales. Además, el sonido se endureció. Aparecieron con fuerza bandas de heavy metal y punk como Metalmorfosis, Óxido, Blackened, Inadaptados o Kardomillo, muchas de las cuales llegaron a girar por otras islas e incluso fuera de Canarias. Para buena parte del público, los noventa siguen siendo “una referencia”, tanto por la intensidad de los directos como por la identidad muy marcada de las bandas.

En ese contexto, Pechuga Band protagonizó uno de los hitos más singulares del rock lanzaroteño: una gira por la península en una época en la que hacerlo era especialmente complicado. Elio Pérez recuerda que no se trató de “tocar y volver”, sino de pasar varios días recorriendo ciudades, acumulando kilómetros y escenarios. “Para la época era muy difícil que una banda consiguiera estar tanto tiempo fuera tocando día sí, día también”, destaca. “Tenían la suerte de que en aquella época no había móviles”, bromea Óscar Pérez, recordando aquellos conciertos de Pechuga Band. “Básicamente se desnudaban en el escenario. Imagínense lo transgresivo que era para el público; sobre todo cuando viajaban fuera, porque aquí ya los conocíamos”.
“Todas las bandas de aquí han sido muy personales. Siempre me decían: cómo se nota el rock conejero”
Por su parte, Kardomillo convirtió cada concierto en una celebración colectiva. José María de Páiz destaca que tocaron “en todas las islas, durante dos años seguidos, en todos los pueblos de Canarias”, y que algunas de sus canciones se transformaron en “auténticos himnos”. Neftalí Acosta, que colaboró en mover al grupo entre islas, recuerda que los conciertos “eran una fiesta” y que el público de fuera “se descojonaba” al verlos, sorprendidos por la naturalidad y el sentido del humor que trasladaban al escenario.
También en los noventa se puso en marcha el Circuito Insular de Rock, que llevó conciertos por distintos pueblos de la isla y dio lugar a la grabación de una maqueta colectiva. Mame Spínola recuerda que estaba previsto sacar dos volúmenes, pero finalmente solo vio la luz el primero, en el que quedaron reflejadas “16 o 18 bandas del momento”. Aun así, sirvió como estímulo para mantener viva la escena. Además, se creó la Asociación de Músicos de Lanzarote, que funcionó durante un tiempo como espacio de organización y apoyo mutuo entre bandas y músicos.

El salto del siglo
El salto definitivo para las bandas llegó con el cambio de siglo, con el nacimiento de los estudios Neptar en el año 2003. Por primera vez se podía grabar en la isla con calidad profesional, sin tener que desplazarse a Gran Canaria o Tenerife. “Probablemente tuvimos tantísimas bandas en esa época gracias a que se empezaron a hacer grabaciones y a que había estudios aquí”, señala Óscar Pérez.
En su caso, fue en 2001 cuando se estrenó, presentándose con otros músicos a un concurso de jóvenes artistas. Salieron vencedores, pero la aventura no continuó. Fue en 2005 cuando la retomaron y despegó Oscartienealas. Las redes sociales empezaban a funcionar y su presencia en MySpace fue determinante en su carrera. “Eso posibilitó que giráramos y estuviéramos actuando en territorio nacional y también en EEUU. Llegamos a actuar en Tijuana, que estuvo muy divertido”.
También ganaron certámenes musicales, como La Caja Sonora, que les permitió grabar una de sus señas de identidad, Electroperras. “Con el tiempo, para las personas que se acercan y nos hablan de esto, parece que lo ven más importante de lo que a mí me lo pareció en su momento. No me parecía tan especial entonces, pero es bonito que alguien se acerque y te lo diga”.
En esa época nacían también nuevos grupos que entraron con fuerza en el panorama musical de la isla, como Zürich y Zombie Love, que recientemente ha vuelto a escena con el nuevo nombre de Drûpe, pero con la misma energía.
Motivo de orgullo
“Todas las bandas de aquí, desde las primeras a la actualidad, han sido muy personales. Todas tienen su distinta estética”, destaca Elio Pérez “Siempre me decían: cómo se nota el rock conejero. Se diferenciaba de las bandas de Gran Canaria o de Tenerife”.
También Óscar Pérez subraya la misma idea: “Hay una cosa que siempre ha sido constante con la música hecha en Lanzarote, y es que en las otras islas siempre ha sorprendido. Lo que siempre me han transmitido es que era algo que se salía del circuito que estaban realizando, y eso tiene que ver también con las propias pretensiones de los grupos. Los circuitos son un poco endogámicos, pero como aquí no estamos en esa onda, sorprende”. Para él es algo “curioso”, pero sobre todo “motivo de orgullo”.
La principal espina es que muchos de los sonidos de las primeras décadas se hayan perdido por falta de documentos sonoros, y eso es precisamente lo que Memoria Digital de Lanzarote pretende ahora rescatar. El trabajo se inició hace unos años con los grupos folclóricos y de música tradicional, que forman parte ya de la web Memoria Sonora de Lanzarote, y ahora el objetivo es recuperar también el legado del rock lanzaroteño para la historia.
