El falso mito del agua del grifo en Lanzarote
Isabel Lusarreta
“Un té negro con leche fría y un vaso de agua del grifo, por favor”. Yeray Guedes lo pide con naturalidad, pero no le sorprende la reacción de la camarera. “Del grifo aquí no se puede”, sentencia ella. Ahí, como un improvisado preludio de la entrevista que está a punto de comenzar, se inicia el debate. “Sí, sí se puede”, responde él con paciencia. “No, lo que le digo es que no se puede beber, pero yo se la traigo si usted quiere”.
“Esto nos ha ido pasando a cada paso. Cada vez que nos sentamos en un sitio, pides un vaso de agua del grifo y esta es la respuesta en toda Lanzarote, da igual donde vayas: ¿Agua del grifo? Te vas a poner mal. Nos pasa siempre”, explica este profesor del Colectivo de Escuelas Rurales de Lanzarote, que lleva casi cuatro años tratando de desmontar “el mito” de que el agua del grifo en Lanzarote no se puede beber. “Y lo estamos haciendo con datos”, subraya.
“Tenemos la idea de que el del grifo es peligroso, y el peligro está en el plástico”
La campaña “Más grifo, menos plástico” combate con datos y expertos una creencia errónea, pero muy arraigada en la isla.
En ese empeño lo acompaña Quino Miguélez, biólogo ambiental y coordinador del Gabinete Científico y del Observatorio de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote, con quien inició la campaña “Más grifo, menos plástico”. De momento ya han organizado dos grandes jornadas en la isla, con expertos de todos los ámbitos, pero saben que el boca a boca es esencial, y no desaprovechan ninguna oportunidad. Incluso con la camarera que se resiste a ponerles un vaso de agua del grifo.

“Mi padre también me dice que leyó que sí se puede beber, pero yo me niego. Yo es que lo hiervo todo”, insiste ella, entrando a un debate que para Yeray y Quino ya es una rutina de su día a día, pero sobre todo un reto. “Dentro de un ratito llega una compañera que trabaja en Salud Pública y te lo corrobora. De hecho, es una de las personas que analizan el agua en la isla”.
Se refieren a Marta Betancort, inspectora de Salud Pública en Valterra, que también forma parte del proyecto y se incorpora unos minutos después a la entrevista. Al llegar, lo primero que hace es pedir “un vaso de agua del grifo”, y la camarera ya no lo discute: se lo trae. Por su expresión, parece que han conseguido plantar al menos la semilla de la curiosidad. Cuando le explican que están allí precisamente para participar en un reportaje sobre este tema, responde: “Lo leeré”.
“Es lo más controlado”
Para Yeray, todo empezó con las jornadas Docentes por la Biosfera, organizadas en 2022 por la Reserva de la Biosfera y el Centro de Profesores, y sobre todo con su propio hermano. Rayco Guedes es profesor de Química en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, especializado en agua, e intervino en esas jornadas con una ponencia que empezó a abrir muchos ojos. El mensaje, no podía ser más contundente: “El agua del grifo es a día de hoy el alimento más controlado que podamos ingerir. No hay nada que pase controles más estrictos. Nada”.
Sin embargo, advertía que no ocurre lo mismo con el agua embotellada en plástico. “Uno de los campos de estudio de Rayco está en los contaminantes emergentes. Muchos de ellos son los aditivos del plástico, que pasan a todo lo que está en contacto con ese material”, explica su hermano. Además, subraya que “hay condiciones que favorecen” ese traspaso, como la exposición a la luz del sol o al calor. “Tú ves un camión de agua lleno hasta arriba de botellas de plástico en la calle, aparcado a pleno sol, y no te despeinas, pero es un disparate. Incluso hay estudios que demuestran que solo el poner y quitar la rosca de la botella, va liberando microplásticos que caen dentro”.
“El agua del grifo es a día de hoy el alimento más controlado que podamos ingerir. No hay nada que pase controles más estrictos”
Yeray lo ilustra con un ejemplo: “Si dejas una botella de agua en el coche un día de sol, después la coges y ya no sabe igual. Algo le ha pasado. Algo ha acabado en el agua”. Quino Miguélez asiente: “La cuestión es que tenemos el mito de que el grifo es peligroso, y el peligro está en el plástico”. Se remite a una de las expertas que han participado en el proyecto, María Luisa Pita, que hasta su jubilación fue jefa de Sanidad Ambiental en el área de Salud Pública del Gobierno de Canarias, y que le planteó varios interrogantes: “Si una pareja joven treintañera no se queda embarazada, o si los cánceres están saliendo cada vez a edades más tempranas, ¿qué crees que está pasando ahí?”. Su respuesta: “Contaminación química”.
El origen del “mito”
Como el resto de impulsores del proyecto, Quino Miguélez no consumía el agua del grifo hasta que empezó a informarse. “Cuando indago más, acabo comprendiendo que es ridículo ver, como he visto hoy viniendo para aquí, a una mujer acarreando una garrafa de 8 litros. Es ridículo hacer ese gasto y ese esfuerzo”.
Pese al tiempo que llevan luchando para desmontarla, ninguno se explica cómo se inició esa falsa creencia en la isla sobre la calidad del agua del grifo. “Todo el mundo te dice: A mí me han dicho, yo siempre he oído, yo siempre escucho… Es un dato que todo el mundo reproduce como cierto, pero cuando le preguntas a la gente por un origen, y sobre todo por un origen informado, nadie te lo sabe dar”.
Canal Gestión no podría ser más clara: “El agua potable de Lanzarote, la que sale por el grifo, es de una calidad totalmente apta para su consumo” y cumple “con los criterios exigibles en las normativas” para poder beberla “con todas las garantías”. En el mismo mensaje han coincidido todos los científicos y expertos que han pasado por las dos jornadas de “Más grifo, menos plástico”, incluyendo a representantes de Salud Pública, del Consorcio del Agua y hasta de la Federación de Fontaneros. Sin embargo, Yeray lamenta que “hay una inercia, una resistencia a cambiar esa idea, que va más allá de toda lógica”.
Cuestión de gusto
Una de las mayores reticencias a las que se enfrentan está en el sabor del agua en Lanzarote, y afirman que “ahí es donde empieza la concienciación”. “Un agua mineral tiene una composición mineralógica distinta, con lo cual tiene un sabor distinto, pero sabor distinto no es mala calidad, solo composición diferente”, subraya Yeray, que explica que la diferencia es que el agua desalada no ha pasado por la tierra: “Tiene una mezcla de sales totalmente controlada que se decide en el punto de producción, que en nuestro caso es la desaladora”.
De hecho, subraya que aunque en Canarias “hay una creencia muy extendida de que el agua que viene de manantial es más sana”, tampoco es cierto. Como ejemplo, cita el caso del norte de Tenerife, donde en ocasiones aumenta la cantidad de flúor que el agua absorbe de la tierra y se restringe el consumo, porque beberla puede ser tóxico. “Con el agua desalada no hay picos de nada, porque todos los minerales se añaden de forma intencional”.
En su opinión, se trata de “acostumbrar el paladar”, porque el gusto es una cuestión cultural. “Todas las culturas tienen algún sabor propio que a las personas que se han criado en esa cultura, con ese ingrediente y con ese sabor, les encanta, y a los de fuera les parece horrendo”, explica, citando como ejemplo desde el gofio canario, hasta un pez muy codiciado en los países nórdicos que “huele a demonios y nadie más lo tolera, pero a ellos les encanta comerlo”; o una fruta, el durián, con la que ocurre lo mismo en Asia. “Te gustan los sabores con los que te crías y con los que creces, y eso mismo le pasa al agua”.
La campaña “Más grifo, menos plástico” combate con datos y expertos una creencia errónea, pero muy arraigada en la isla
Para las personas que no terminen de acostumbrarse al sabor del agua del grifo, la solución puede estar en los filtros, que la dejan “con un sabor mucho más cercano al habitual”, aunque los tres coinciden en que hay que ser prudente en su uso. “El agua está controladísima y te llega a casa perfecta, pero en el momento en el que tú la filtras, la sacas de ese control”, explican. En esencia, el riesgo está en que se haga un mal uso de esos filtros, que tienen un tiempo de vida útil que hay que respetar, y que varía según cada tipo de dispositivo. “Si nos va a costar y no lo vamos a mantener bien, lo ideal sería consumir el agua tal cual, porque es mucho más fácil”.
Para eliminar parte del sabor, lo más sencillo es dejar reposar el agua unos minutos en un recipiente de vidrio antes de beberla. “El cloro, que es una de las cosas que garantiza que el agua llega hasta tu casa sin ningún agente infeccioso, es el responsable también de que a mucha gente no le guste el sabor del agua, pero el cloro es un volátil. Basta con que la dejes reposar unos 30 o 40 minutos y ya se ha ido”.
Aljibes y depósitos
El otro problema, por el mismo motivo, está en los aljibes y depósitos presentes en muchas viviendas y edificios para almacenar el agua que llega de la red. “Si el agua llega hasta el grifo de tu domicilio por una tubería cerrada no tienes ningún problema, pero en el momento en que en tu casa o en tu edificio pasa a un contenedor, a un bidón o a un aljibe, ahí puedes empezar a tenerlos”.
La solución es sencilla. Por un lado, esos depósitos privados deben ser de los materiales adecuados y estar bien aislados: “Hay gente que hasta tiene bidones en la azotea descubiertos, que eso es la bomba, porque ahí puede pasar de todo. Puede caer una paloma y morirse, que de hecho nos contaban que ocurrió”. Por otro, se debe realizar un mantenimiento adecuado, con limpiezas periódicas.
En definitiva, cumplir con lo que establece la normativa, que en España se actualizó a principios de 2023. “Establece, por ejemplo, todos los materiales y las condiciones en las que se debe almacenar el agua”, explica Marta Betancort. El protocolo puede ser distinto en cada caso, pero subraya que “la limpieza y la desinfección, sí es general para todo”.
En el caso de Quino, cuando se adentró en este proyecto habló con su comunidad de vecinos y pidió que se hiciera una limpieza del aljibe de su edificio. Desde entonces, solo bebe agua del grifo. Ahora, una de las cosas que los impulsores de “Más grifo, menos plástico” se plantean es reunir a las gestorías de las comunidades de vecinos, a los administradores de fincas, “para que sean conscientes de que si la calidad del agua no se pierde dentro del propio edificio, puedo beberla”, y que sean ellos quienes “canalicen” ese mensaje.
“Es absurdo que una familia se gaste más de 50 euros al mes y acarree 150 kilos si lo que sale de tu grifo es igual de potable”
Además, insisten en que esta lucha contra el plástico no es solo un tema medioambiental y de salud, sino también de ahorro. “Por dos euros tienes 1 metro cúbico de agua del grifo, que son mil litros. ¿Cuántas garrafas tienes que comprar para igualar eso? Es absurdo que una familia se gaste más de 50 euros al mes y acarree más de 150 kilos si resulta que lo que sale de tu grifo es exactamente igual de potable”. Y no solo eso, también advierten que muchas empresas envasan agua “preparada” o “potable”, lo que en Canarias suele significar que procede de una desaladora. “Si no miras la etiqueta no te enteras, pero es lo mismo que sale del grifo de tu casa, solo que te lo han puesto en la botella. Te están vendiendo el envase. Las empresas de agua venden plástico, no agua”.
Hace un año y medio, según una encuesta que realizó el Consorcio del Agua cuando se inició esta campaña, ya había un 10% de la población de la isla que bebía habitualmente agua del grifo, y Quino, Yeray y Marta confían en que esa cifra siga aumentando. “Pasito a pasito, pero siempre con la vista puesta en que Lanzarote no consuma plástico. La meta es siempre apuntar a lo más alto. Lo llegaremos a ver o no lo llegaremos a ver, pero el objetivo final es ese”.

Los niños, aliados de la campaña: “Ellos están más dispuestos a cambiar”
“Un adulto que ha oído algo durante toda la vida ya lo tiene como cementado, pero el niño no, porque no tiene tanto bagaje y está más dispuesto a cambiarlo”. Yeray Guedes lo tenía claro desde el principio, y por eso la campaña “Más grifo, menos plástico” se inició en los centros educativos. El origen estuvo en un proyecto que había elaborado su hermano Rayco para tratar de eliminar el plástico en La Graciosa, poniendo una fuente pública de agua a la entrada de la octava isla. Aquella iniciativa no prosperó, pero Yeray decidió rescatarla y llevarla a su ámbito, al Colectivo de Escuelas Rurales de Lanzarote.
Pensó que la Reserva de la Biosfera les “echaría una mano”, y así fue. A Quino Miguélez ni siquiera necesitó convencerlo, porque ya se había interesado por el tema y había asistido a una charla de Rayco en el IES Zonzamas. “Empezamos un proyecto para que nuestros niños beban el agua del grifo, conozcan que es segura, tengan toda la información pertinente y lo extiendan a las casas, y de esas casas a otras casas, y en eso seguimos”.
A Marta Betancort, inspectora de Salud Pública en Valterra, fue Quino quien la embarcó en el proyecto, a base de visitas en busca de información. “En realidad es una reivindicación que viene de la normativa sanitaria. La última que se aprobó a principios de 2023, tanto en el preámbulo como en su articulado, habla de la promoción del agua del grifo”, subraya ella. “Lo que pasa es que una legislación de tanto calado tarda mucho tiempo en incorporarse a la sociedad y en que la vayamos digiriendo”, y por eso considera importante este trabajo de concienciación.
En algunos centros educativos ya han conseguido que se instalen fuentes y que los niños rellenen sus botellas con agua del grifo; y continúan batallando para que esas fuentes lleguen también a los edificios públicos, como establece la legislación, e incluso a las calles. “Si la gente lo demanda, las administraciones no van a poder seguir dejando eso en el papel. Lo van a tener que acometer, porque va a haber una inquietud del pueblo detrás. Lo que queremos es crear esa inquietud en la gente”.
Revista Mensual de Ocio y Cultura de Lanzarote –Febrero– 171

