Lana Corujo, de Lanzarote al top ventas nacional
“Han cantado bingo nació de mi necesidad de reconciliarme con la isla”
Club de Lectura Verbena
“Madre Nebulosa” de Tatiana Donoso
Martes 21 abril 18 h
El Almacén
Entrada libre y gratuita
V Encuentro de Literatura
Verbena
9, 12 y 13 de junio
El Almacén
Entrada libre y gratuita
Lana Corujo aún era una adolescente cuando un regalo de cumpleaños le abrió la puerta al que sería su futuro profesional. “Mis padres me regalaron una tableta gráfica”, recuerda. Sin embargo, aclara que “la palabra había llegado antes que la imagen” a su vida, y sus primeros dibujos fueron para ilustrar los relatos que llevaba años escribiendo. “Con 12, 13 y 14 años publicaba mis cuentos en un blog de Internet. Tenía una comunidad, leíamos y nos comentábamos entre todos”. Ahí sintió por primera vez que le gustaba “esto de contar historias”, pero después decidió formarse y apostar por la imagen como salida profesional.
“La ilustración me paga las facturas, por así decirlo, y con la escritura solo me divierto. Siempre estoy anotando ideas, cosas sueltas, imágenes, destellos que veo en el día a día y que luego de pronto me sirven”, explica. No es capaz de decantarse por ninguna de sus dos facetas: “Definirse uno mismo es un trabajo que nunca termina, pero creo que sobre todo soy una persona que ha encontrado en las artes su manera de expresión al mundo”.
Tras formarse en Ilustración y Dirección de Arte en Madrid y ampliar sus estudios en Francia, empezó a trabajar en la capital. “Aquella etapa me dejó muchas cosas. Lo primero, valorar el esfuerzo que hicieron mis padres para mandarnos a mi hermana y a mí a estudiar fuera, porque por desgracia no todas las familias tienen esa opción”. En su caso, explica que salir de la isla supuso “un despertar”, pero también aprender a mirar Lanzarote de otra forma. “Ver la isla a la distancia, poder echarla de menos cuando lo primero que quería era irme de Lanzarote, supuso aceptar esa contradicción”.
Cuando la pandemia la obligó a regresar a la isla sintió que era un paso atrás, pero terminó suponiendo un despegue profesional. Durante este tiempo ha seguido trabajando y participando en exposiciones como ilustradora y artista visual y también ha evolucionado como gestora cultural, impulsando en la isla el encuentro literario Verbena, que este año cumple su quinta edición. Pero sobre todo, le ha permitido convertir la escritura en algo más que una afición. Y es que aunque ella sigue sin verlo como un modo de vida, en los últimos meses su nombre se ha abierto un hueco en el panorama literario nacional, entrando en la lista de los autores y autoras más vendidos.
A sus espaldas ya tenía otras publicaciones -como la antología de cuentos Diarios del encierro y los poemarios Ropavieja y Nueve dos ocho-, pero lo que la ha convertido en una escritora revelación ha sido su primera novela, Han cantado bingo, publicada en 2025 por Reservoir Books, que acumula once ediciones y más de 20.000 ejemplares vendidos. Lana Corujo ya no es la adolescente que daba a conocer sus cuentos en un blog y que publicó por entregas una primera “novelita” en Internet, pero en su interior y en su trabajo, sí queda mucho de aquella infancia, de aquella adolescencia y de la isla que la vio nacer hace ahora 30 años.
Isabel Lusarreta
Han cantado bingo ha sido uno de los debuts más comentados del panorama literario nacional. ¿Cómo nace esta novela y qué necesidad había detrás?
Pues siento que nace del momento en el que vuelvo a vivir a la isla, porque me doy cuenta de que tengo que reconciliarme con ella. En esa observación del paisaje, no solamente el volcánico, sino también el marítimo y todo lo que conforma Lanzarote, me di cuenta de que me lanza una pregunta: siempre hablamos de lo que supone ver el paisaje, pero ¿qué pasaría si fuese el paisaje el que nos observase? ¿Qué trozos de la vida miraría o de qué violencias o ternuras sería consciente el paisaje? Creo que esa fue la primera pregunta que luego despertó todo lo que sería la novela.

El paisaje insular tiene una presencia muy potente en el libro, hasta el punto de que más que un escenario, parece un personaje más. ¿Lo siente así?
Yo creo que sí, porque al fin y al cabo cojo el paisaje insular y el paisaje familiar y me pongo a señalar tanto las luces como las sombras de ambos. Siento que tanto el paisaje familiar como el insular, desde fuera se tienden mucho a romantizar, a idealizar, a mirar solamente las partes lúcidas que tienen, y por desgracia también tienen partes oscuras. Por eso me interesaba hacer esa analogía entre los dos paisajes.
“¿Qué pasaría si fuese el paisaje el que nos observase? Creo que esa fue la primera pregunta que despertó todo lo que sería la novela”
¿Qué quería cuestionar de la infancia y del paisaje para desromantizarlos?
Pues sobre todo que las infancias, por desgracia, no suelen ser siempre entornos completamente seguros. Y que nosotros los adultos tenemos la responsabilidad de mirar a los niños y de ser también ese puente de comunicación entre el mundo que están observando y el mundo que tenemos que explicarles, siempre adaptado a cada etapa. Por suerte ha cambiado mucho el registro de cuidados que hay hacia las infancias, pero quería colocarlas en el centro y recordarnos que deben ser protegidas, deben ser cuidadas y deben ser acompañadas para que puedan descubrir los adultos que van a ser el día de mañana, porque me interesa mucho la infancia como la consecuencia en nuestra adultez. Es decir, siento que la infancia no empieza y acaba, sino que dentro de nosotros, cuando tenemos 20, 30, 40 o 50 años, hay algo que sigue también presente de esa época.
¿Cómo está viviendo el éxito de ventas y la exposición que ha traído la novela?
Pues ha sido una sorpresa porque como me daba miedo publicar, no tenía ninguna expectativa. Yo solamente pensaba: bueno, con que me lean mis padres y mi hermana y la gente que me quiere, pues ya está. Entonces, encontrarme de pronto con todo esto ha sido muy bonito, también porque ha sido muy tranquilo en el tiempo, por el boca a boca. Han cantado bingo tiene ya un año y no fue un petardazo inicial, pero ahora de repente estar al nivel tan bruto en el que está la novela, yo tengo que aprender a gestionarlo día a día, porque es una situación muy nueva. Yo soy muy tímida, muy de mi casa, y son situaciones que me exigen aprender cosas, pero yo encantada porque está siendo muy lindo.
“Tanto el paisaje familiar como el insular se tienden mucho a romantizar y a idealizar desde fuera, y por desgracia también tienen partes oscuras”
Esta es su primera novela publicada, pero antes ya había hecho incursiones con la poesía y los cuentos. ¿Se siente más cómoda con algún género en particular?
No, yo creo que no. Siento que lo bonito es la libertad. Cuando empiezo a escribir no tengo nunca muy claro el género, y creo que en esto influye mucho venir de las artes plásticas, que nos enseñan lo que es la técnica mixta. No plantearnos tanto el formato, sino simplemente el estar haciendo algo que nos dé la respuesta al final. Yo siento que me muevo entre géneros porque es mi manera natural de escribir para no encorsetarlo dentro de un género. Es cierto que luego en términos editoriales hace falta decir esto es poesía o esto es narrativa, pero en la creación más privada, creo que hago un poco lo que quiero, sin pensar en lo que va a ser. Prefiero que vayan surgiendo las cosas que me apetece ir contando.
Un momento difícil como fue la pandemia, que en su caso supuso además tener que regresar a Lanzarote, ha terminado siendo muy importante en su carrera, ¿no?
Sí, a mí volver a Lanzarote me puso un puntito en la boca. Cuando me vi a mí misma dejando Madrid, dejando una independencia, dejando muchas cosas, sentí tristeza, porque creo que es lo natural. Esta isla me conocía de pequeñita y adolescente, pero no como adulta. Entonces, la duda de cómo me iba a desenvolver como adulta en esta isla, con las limitaciones que también tiene, me asustaba un montón, pero luego ha sido todo lo contrario. Me ha permitido aprender que desde este territorio se pueden hacer muchísimas cosas. Mi etapa en Madrid la miro con mucho cariño también, pero no hace falta siempre estar ocupando los centros culturales.

Hace cinco años también puso en marcha en Lanzarote el encuentro literario Verbena. ¿Cómo surge la idea y qué vacío quería llenar en la isla?
Como consumidora cultural, echaba en falta espacios que pusieran la literatura en un lugar quizás menos elitista. No sé si esa es la palabra, pero me interesaba mucho la literatura que pudiese llegar a todo el mundo. A veces es cierto que puede haber una barrera por el miedo a no comprender, por el miedo a no entender, y siento que precisamente en la conversación se abren espacios de diálogo muy interesantes para aquellas personas que lean más o menos en su día a día. Me interesaba llegar a ese público, al público que pueda conectar con los temas universales que tenemos, y si se abre la puerta a la lectura, pues bienvenido sea. Además, de ese tiempo para acá ya no es solamente Verbena, han surgido otros festivales, como Letras Aisladas o el Festival de Literatura de Lanzarote, que creo que han colocado la literatura en el centro otra vez y eso me parece muy hermoso.
“La novela no fue un petardazo inicial, pero ahora está a un nivel tan bruto que tengo que aprender a gestionarlo día a día, pero está siendo muy bonito”
¿Cree que Verbena está consiguiendo ese objetivo de llegar a otro tipo de público? ¿Cómo se plasma en la programación del encuentro?
Me gustaría creer que sí, porque es cierto que establecemos un espacio transversal en el que contamos con voces jóvenes, con voces que ya están comprometidas en el panorama, voces publicadas y voces autopublicadas que a lo mejor están respaldadas por una editorial o no, voces que simplemente escriben por placer… El objetivo es ir buscando temas que puedan generar esa conversación, y siento que el público de Verbena es muy lindo, porque viene gente de todas las edades, que tienen la literatura más o menos presente en su día a día, pero que sobre todo al final de cada charla arman ese turno de preguntas que siempre eleva la conversación. Para mí ese es el mayor éxito que puedo sentir con el festival.
“La nueva edición del festival literario Verbena va a poner un poco la calma, la tranquilidad y las cosas bellas en el centro del discurso”
¿Y qué retos encontró para ponerlo en marcha?
La verdad es que agradezco mucho al Cabildo de Lanzarote y al área de Cultura que ha respaldado económicamente cada edición. Es muy importante tener ese balance entre lo que está pasando dentro de Canarias a nivel literario y también lo que está pasando fuera. Tener la oportunidad de traer conversaciones a las que a lo mejor es más complicado acceder y dar relevancia también a las que están sucediendo dentro del archipiélago. Se busca ese equilibrio y se busca esa paridad de voces y de estilos. Cada año ha sido un reto, porque es cierto que es un festival pequeñito, pero se va haciendo poquito a poco y la verdad es que con los cinco años que lleva, estoy muy orgullosa.
La próxima edición ya ha empezado a calentar motores con los clubes de lectura. ¿Qué puede adelantar de lo que viene este año?
Será la segunda semana de junio y contamos con poesía, ensayo y narrativa, que son los tres géneros que articulan los clubes de lectura previos de Verbena. Empezamos ya en marzo con narrativa, seguiremos con poesía en abril y acabaremos con ensayo en mayo. La idea de todo esto es ayudar al público de Verbena a conocer un poco más de la obra de los autores que vienen y poder generar ese diálogo previo, y perder el miedo a hablar de narrativa, de poesía y de ensayo. Siento que va a ser una programación que va a poner un poco la calma, la tranquilidad y las cosas bellas en el centro del discurso.
“Para mí la escritura es una manera de ordenar mi mente. Siempre estoy anotando ideas, imágenes, destellos que veo en el día a día y que luego me sirven”
Después del momento tan intenso que está viviendo, ¿hacia dónde quiere que evolucione su carrera? ¿Cómo se ve dentro de unos años?
Lo que me encantaría es poder seguir dedicándome a lo que me gusta. Ese sería para mí el mayor logro: poder seguir ilustrando bajo encargo, escribir lo que me apetece y compartir lo que pueda surgir. Siento que cada vez aspiro más a una vida tranquila, en la que me pueda permitir hacer lo que me nazca. De cara a futuros proyectos editoriales aún no tengo nada claro, pero me encanta y creo que me entusiasma que el misterio sea el que determine. Es decir, el no saber significa la posibilidad infinita de que pueden pasar muchas cosas.
De momento no hay una segunda novela en mente, ¿no?
De momento no, porque mi mente creo que está completamente sobreestimulada. Me encanta escribir y sigo haciéndolo casi todos los días, pero no con la idea de una novela, porque son bastante exigentes.

Revista Mensual de Ocio y Cultura de Lanzarote – Abril – 173