Por Alex Salebe Rodríguez
Puede que algún animalito de la fauna planetaria ande mosqueado con los therians, pero probablemente más con los poli-therians, un término que me tomo la licencia de usar para describir a ciertos políticos locales y nacionales que combinan comportamientos primitivos con desinterés por el conocimiento.
Mientras que los polytherians se identifican con varias especies animales, cambiando de águila a perro según el día, los poli-therians no cambian de especie: permanecen como perezosos colgados de sus árboles administrativos, ignorando el mundo real y el enorme volumen de información que deberían procesar para gestionar correctamente la administración pública.
La desconexión de la política con la realidad
Con tantos frentes que atender —sanidad, educación, transporte público, gestión de recursos naturales—, es cuestionable cuándo estos representantes leen y analizan los documentos que requieren decisiones responsables. Entre reels, redes sociales y declaraciones sin fundamento, los poli-therians no dedican tiempo a comprender los temas que afectan a la sociedad, y su falta de comprensión lectora es evidente.
Como señala Brian Hare en National Geographic, medir inteligencia requiere estudiar la interacción neuronal y la capacidad cognitiva, no solo el tamaño del cerebro. Y, sinceramente, me temo que en el cerebro de los poli-therians hay mucha disociación.
Debates europeos y mediocridad local
El reciente debate sobre el pacto de libre comercio UE-Mercosur dejó claro este problema. Entre defensores y detractores, abundaron las sandeces e imprecisiones, demostrando que pocos habían estudiado realmente el acuerdo ni entendían qué es Mercosur y qué países lo conforman. Lo mismo ocurre con asuntos puramente locales: los poli-therians leen cancaneando, razonan como cabras y chillan como zorros, mientras cobran por calentar sillones.
Una invitación a la responsabilidad
Respeto para los poli-therians: la información y el conocimiento no entran por ósmosis inversa, ni caen como lluvia, ni se adquieren por superstición. La política requiere estudio, análisis y compromiso. La sociedad merece representantes que actúen con inteligencia, sentido común y responsabilidad.
Si queremos que la democracia funcione, debemos exigir a nuestros gestores que dejen de ser poli-therians y comiencen a actuar como seres realmente comprometidos con el bien común.