También hay vida después de los grandes y de los grandes conocidos

También hay vida después de los grandes y de los grandes conocidos

Por Alex Salebe Rodríguez 

Estos días que murió en Colombia el escritor Ramón Illán Bacca, oriundo de la ciudad de Santa Marta, figura de la literatura caribeña como cuentista y novelista, además del reconocimiento que la cultura le confiere por sus aportaciones intelectuales en la crítica y la investigación, para nada me extraña que haya quienes pregunten en el mismo Caribe colombiano: ¿y quién es él? Me suena a letra de canción de Perales. 

Y no me sorprende que artistas de nuestro entorno más cercano sean perfectos desconocidos. Casi siempre leemos y estudiamos, desde edad escolar,  autores y obras de referencia o conocemos la trayectoria de creadores plásticos con sitio en los libros y la historia del arte, sin embargo, hay pintores, escultores, escritores, cineastas, actores, músicos, narradores orales, cantantes, coros, agrupaciones de música, guionistas, fotógrafos, diseñadores gráficos,  grupos de teatro y de danza contemporánea y protagonistas de diversidad de expresiones creativas, que viven entre nosotros, en nuestro pueblo, ciudad, región o país, de los que no sabemos absolutamente nada, ni de su existencia, ni de su quehacer, ni de la vía para contactarlos. 

También hay vida después de los grandes y de los grandes conocidos. Y hay mucha más vida después de la cultura ‘oficial’, de la que mi amigo Odín Arregocés, alias Juan Carlos Buggy, en el documental televisivo La Bacanería, un estilo de vida (pueden ver un resumen de 9:46 minutos en Youtube), aconseja no dejarse colonizar por ser un fenómeno “consumista, elitista, segregacionista, excluyente y mercantil”.  

Estaría bien, que ciudadanos, centros educativos de cualquier nivel, ONGs, periodistas y administraciones públicas, las primeras, dispongamos de un catálogo  o inventario digital actualizado, donde podamos  conocer los artistas, su ámbito de creación y trayectoria, incluso las salas y espacios expositivos,  empresas y fundaciones de gestión cultural, editoriales independientes y centros de enseñanza artística, no como una simple guía de contactos o ficha curricular resumida, sino como una herramienta a través de la cual podamos materializar la expansión y divulgación cultural continua, comenzando por darle cancha a nuestros exponentes jóvenes y artistas más  próximos.

Es probable que por mirar siempre lejos, que es necesario y trascendente,   nos estemos privando del talento cercano. Se trata de dar trabajo a los artistas, implantar circuitos de eventos, promover y llevar el arte a colegios de primaria y secundaria y de enriquecernos con su producción amamantando de paso nuestro pensamiento crítico. 

El Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), dependiente del Cabildo de Gran Canaria, apunta que en la Comunidad Autónoma de Canarias no está terminado ningún proyecto de repertorios de artistas de las Islas de los siglos XX y XXI, “con la exhaustividad que requiere esta tarea”, pero tampoco existe el diseño de un inventario completo de creadores o movimientos artísticos. 

El CAAM me confirma, y sí que tiene publicado en su web, el Diccionario de Artistas con perfiles, trayectoria, bibliografía e hipervínculos de creadores, nacionales y extranjeros, de las artes plásticas, sobre todo  de aquellos que han participado en actividades organizadas por el CAAM, para satisfacer, subrayan, las demandas de visibilidad en red que tanto el especialista como el público general se merecen en un contexto de culturas globalizadas. 

Pregunté a varios artistas de Lanzarote y a personas ligadas a la enseñanza y a la producción artística en la Isla y tampoco tienen constancia de un catálogo insular o regional que abarque todas las manifestaciones del arte. Queda trabajo por iniciar y desarrollar. 

En 2009, fue publicado el libro 100 Artistas Españoles, editado por Exit Editorial, con la intención de ordenar y clasificar el panorama del arte nacional y promocionarlo en el exterior. No obstante, sin demeritar su valía, compila la valoración de veintiocho críticos de arte, profesores y comisarios de exposiciones que dieron su opinión como especialistas sobre  los artistas españoles más interesantes del momento.

En casa, con portada que llena una foto del inigualable Gabriel García Márquez, tengo el libro Cien Autores Colombianos del Siglo XX, Antes y Después de García Márquez. También es una clasificación subjetiva con biografía y reseñas de obras emblemáticas de los narradores, poetas y ensayistas  elegidos por los mentores de la iniciativa. Interesante, por supuesto, pero no es un catálogo con la finalidad que planteo. 

Es verdad que es muy difícil vivir a la sombra de un genio como García Márquez o de un artista plástico universal como el lanzaroteño César Manrique, pero sería imperdonable mandar al ostracismo nuevas generaciones de creadores sin que podamos disfrutarlos, alabarlos o criticarlos. Penoso es terminar de ahogar a los artistas. 

Ramón Illán Bacca, el escritor que aludo en el primer párrafo de esta columna, contó alguna vez que cuando tuvo que visitar al psiquiatra porque sentía que se ahogaba en su despacho de abogado, confesó al médico que —podría dictar clases y me gusta escribir, pero de eso no se puede vivir—, entonces el doctor lo sentenció sin piedad —cierra la oficina, ponte a dictar clases y a escribir, no te asfixiarás, pero te morirás lentamente de hambre—. En cambio, fue  el sarcástico Ramón Illán el que sentenció a un periodista ante el tópico de — ¿cuáles son tus proyectos para los próximos cinco años? —. Lo tenía bien claro: —mi único proyecto es estar vivo—. Interpreto yo, sobrevivir y sobrevivir como creador, que ya eso es mucho más complicado.