Un patrimonio vivo
El patrimonio no empieza cuando aparece en los libros o recibe un reconocimiento. Antes está la mirada de quienes habitan un territorio, lo conocen y construyen una relación con él. Por eso, mucho antes de que la ciencia pusiera nombre a lo que hoy conocemos como “jameito”, los vecinos de Haría ya sabían de su existencia. Lo habían visto, convivían con él e incluso habían bautizado a esos pequeños crustáceos con un nombre propio: grillo blanco. No conocían todavía la importancia de aquel ecosistema, pero habían establecido un vínculo con él.
El I Festival Memorias de un Grillo Blanco recupera precisamente esa memoria colectiva para acercar a la ciudadanía un mundo oculto bajo nuestros pies. Pero también recuerda que conservar un patrimonio no consiste únicamente en proteger especies o espacios, sino en conseguir que las personas los sientan como parte de su propia identidad.
Algo parecido ocurre con el trabajo de Eli Sanz y sus perros de intervención. Un animal que acompaña una lectura, que ayuda a un niño a acercarse a un libro o que facilita la comunicación, demuestra que, muchas veces, los grandes cambios nacen de pequeños vínculos.
La cultura, a veces, nos ayuda a acercarnos a lo que tenemos más cerca. A descubrir que bajo la superficie de la isla existe un ecosistema único, que una biblioteca puede convertirse en un espacio mágico de encuentro o que una fiesta popular sigue siendo un lugar donde una comunidad se reconoce.
Agosto vuelve a poner en primer plano esa dimensión colectiva. Las fiestas de San Ginés y las de tantos pueblos de la isla son espacios de encuentro donde las tradiciones se mantienen vivas porque la comunidad participa en ellas. Al igual que ocurre con los nuevos proyectos culturales, su valor no está únicamente en lo que representan, sino en la capacidad de reunir a las personas.
Lanzarote tiene un patrimonio natural y cultural extraordinario, pero su mayor riqueza está también en los vínculos que genera. En aquello que sus habitantes conocen, recuerdan y comparten.
Porque una isla se define, sobre todo, por aquello que decide cuidar.
