Rosa Vera desembarca en el Castillo de San José
“Exponer en La Cabina del MIAC supone un antes y un después”
Con más de 40 exposiciones individuales y colectivas a sus espaldas, para Rosa Vera hay una que sigue siendo muy especial: Heterotopía. “Fueron muchos meses indagando y fue una macroexposición”, recuerda. Además, hubo otro factor “histórico” que la ha grabado en su memoria: poco después de inaugurarla en la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz, estalló la pandemia de la Covid. “Se cerró todo y la exposición se quedó ahí sola. Cuando pude volver estaba exactamente igual, no tenía ni polvo”.
Ahora, seis años después, el proyecto continúa con una segunda fase: Fluir. La inauguración, que iba a ir acompañada de una conversación con Mare Cabrera, tuvo que aplazarse por el luto por la tragedia ferroviaria de Urda, y se fijará una nueva fecha. No obstante, desde el pasado 31 de octubre, esta pieza ya puede verse en el espacio La Cabina del Museo Internacional de Arte Contemporáneo del Castillo de San José, dentro de la Bienal de Arte de Lanzarote y coincidiendo con el 50 aniversario de la inauguración del MIAC.
Rosa Vera ya había participado antes en la Bienal, pero nunca había intervenido en ese espacio, y confiesa que supone “un reto” en su carrera artística, que comenzó hace más de cuatro décadas. Desde niña se recuerda con su “cajita metálica de acuarelas”, aprovechando los días de lluvia para pintar en el cuarto de aperos de sus abuelos, donde jugaba con sus primos. “Creo que siempre he tenido claro que quería hacer Bellas Artes y desarrollar la creatividad en esa línea”, apunta.
Al terminar sus estudios compaginó su desarrollo como artista con la docencia, que sigue ejerciendo a día de hoy, tanto como profesora de instituto como impartiendo distintos talleres. “Hoy cada vez hay más posibilidades y espacios expositivos en Lanzarote, pero esto es una isla”, subraya, recordando que cuando comenzó, aquí apenas había alternativas para exponer. Ahora, sin embargo, su actividad no cesa.
En los últimos seis años ha encadenado grandes propuestas individuales como Heterotopía (2020), Inconcluso (2022) y Tiempo y Relato (2025), y ahora regresa con la pieza Fluir, que tiene su origen en aquella exposición estrenada justo antes de la pandemia. De hecho, es la segunda entrega de un proyecto pensado en tres fases, que encontró su inspiración en el viaje que realizó a la isla el naturalista y explorador alemán Ernst Haeckel en 1866. “El mundo de Haeckel me tenía fascinada”, confiesa. Le atraían tanto sus investigaciones sobre organismos marinos y microorganismos como sus acuarelas, y en especial llamó su atención una, en la que aparecía dibujado el Castillo de San José.
“Me fascinaba la idea de que él trabajó en la marina de Arrecife. Por eso este proyecto culminará en otro espacio que ya tenemos pensado y que completará ese recorrido que hizo Haeckel, uniendo las tres entidades culturales más importantes que tiene Lanzarote”, adelanta. Pero de momento, la segunda parada es nada menos que el MIAC.
Redacción Mass Cultura
¿Qué supone para usted exponer en La Cabina del Castillo de San José, dentro de la Bienal de Arte de Lanzarote y en pleno aniversario del museo?
La Cabina es un espacio reducido, todo de piedra volcánica, pero es todo un reto. Para mí supone un antes y un después de muchísimas cosas. Sobre todo del recorrido de esta idea que tengo de Heterotopía y de los estudios que hizo Haeckel a través de la marina de Arrecife. Con la obra Fluir reivindico su paso por la isla. Es una cascada donde fluyen hojas y formas marinas, porque todo puede suceder en otros espacios, en otros tiempos, en otras épocas. Además, el MIAC es el único museo que tenemos aquí de arte contemporáneo, y abre a los artistas oportunidades de que conozcan tu obra de una forma más internacional.
“En mi obra hay una relación potente con el mar porque me atrae muchísimo la marina, la riqueza ecológica y el respeto a la naturaleza”

Su obra aborda conceptos como el tiempo, la identidad y el espacio atlántico. ¿Cómo influye el territorio insular de Lanzarote en la selección de sus materiales y en las temáticas?
En la pieza de La Cabina hay una relación muy directa. Yo cuando era pequeña viví en Playa Chica, en Puerto del Carmen, y ahora sigo yendo a nadar allí a mar abierto. Hay una relación potente con el tema del mar porque me atrae muchísimo la marina, la riqueza ecológica, el respeto a la naturaleza…
También lleva años colaborando con Mararía, impulsando exposiciones, cartelería y talleres para mujeres. ¿Es importante para usted mantener un compromiso social desde el arte?
Yo creo que sí, pero no solo desde el mundo del arte. Yo le agradezco a Mararía que nos diera la oportunidad de poder intervenir culturalmente y artísticamente con ellas, porque hemos estado caminando desde hace muchos años a la par y ayudando, pero creo que cualquier persona que no se dedique al mundo del arte también puede colaborar. Debemos enriquecer el mundo femenino y es mi granito de arena con Mararía, con el tema de la igualdad y la lucha contra la violencia contra las mujeres, aportándolo desde la cultura y el arte.
“Cada día dibujo, cada día hago algo, porque soy una enamorada del mundo del arte ¿Qué es más importante que sentirse bien por lo que uno hace?”
Comenzó con otras disciplinas artísticas, pero con el tiempo fue cobrando fuerza el collage. ¿En qué momento descubrió que esa podía ser su principal vía de expresión creativa?
Yo trabajo también piezas y el arte de concepto en muchos aspectos, no solo en el collage, pero es verdad que en esta faceta he tenido un reto, porque el collage siempre se consideraba una técnica menor. Ahora está en auge, pero para mí ha sido una forma de reflexionar, de democratizarlo un poco para que llegue a todas las personas, porque cualquiera puede desarrollar su creatividad a través del collage. No es tan complicado y es un mundo inmenso. Yo he dado muchísimos talleres y he ayudado a la gente, porque me preocupa mucho el bienestar, la bioética y las emociones. En ese sentido trabajamos bastante y he hecho exposiciones de collage, pero también he hecho exposiciones de mi obra. Trabajo las dos cosas y no voy a renunciar a ninguna, porque todo me llama la atención. Todo lo que puedas aprender.
Usted defiende que el collage es la técnica más “inclusiva” porque es accesible a más gente. ¿Cree que eso puede influir en lo que comentaba, en que no haya sido tan valorada como otras expresiones artísticas?
Esta técnica existe desde mucho antes de los cubistas. No era de la manera en la que se está desarrollando ahora, pero yo me alegro muchísimo de que las técnicas de expresión artística puedan llegar a las personas y las puedan desarrollar. En este caso el collage tiene relación con la mente, la literatura, las metáforas visuales… Es inmenso el poder que tiene y la facilidad con la que puedes llegar a la gente. No es lo mismo una clase de pintura al óleo que hacer un collage. La gente se ve muy bien, se ve reflejada, entusiasmada, y creo que se puede hacer una buena labor de democratizarlo, para que la gente vea que es un medio de expresión tan importante como cualquier otro.
Defiende que rescatar papeles, imágenes y texturas desechadas no es solo una elección estética, sino “una postura ética frente a la sobreproducción”. ¿Qué busca en esos fragmentos olvidados cuando los interviene y los recompone?
Esto es muy importante: no solo reutilizas el material, sino que lo resignificas. Es decir, una imagen por sí sola significa algo, pero desde que yo la fragmento o la compongo con otras, ya cobra otro significado diferente, y eso tiene muchas lecturas cuando haces tu obra.
También la hemos visto crear collages e ilustraciones acompañando ponencias de escritoras como Mare Cabrera. ¿Cómo se gestiona la creación en vivo sobre un escenario?
Bueno, a veces creas en vivo y a veces no, porque ya sabes de qué va la ponencia. Es una cosa que empecé con Mare Cabrera en el Festival de Cine de Lanzarote y me pareció muy buena idea para ponencias, bibliotecas, cursos… y hemos estado repitiéndolo. Y también estamos intentando introducir a otras mujeres artistas, para que puedan hacer lo mismo para darse a conocer.
Desde que comenzó su carrera la ha compaginado con la docencia. ¿Qué le ha aportado esa otra faceta como docente en un instituto?
Esto es como una simbiosis. Yo les transmito y ellos también me transmiten a mí. Los alumnos hacen que busques nuevos caminos, que desarrolles también tu creatividad, que propongas cosas… Ha sido una experiencia buenísima.
“Cuando yo empecé había muy pocas oportunidades. Ahora podríamos tener más espacios, pero antes había cero”
Su muestra Tiempo y Relato dará el salto en marzo de 2027 a la sede del Parlamento de Canarias. ¿Qué significa para usted llevar esta reflexión sobre el tiempo y la memoria a ese espacio?
Esta exposición viene ya de una individual que hice en la Escuela de Arte Pancho Lasso y quería prolongarla, porque Tiempo y Relato quiere ser una especie de retrospectiva de todos los collages que he hecho a lo largo de mi vida profesional, que es bastante. Entonces, junto con Mararía, la propuesta fue hacerla allí, mandar todo el papeleo para pedirlo, y nos dieron esa fecha. Y nosotros encantados, porque creo que estoy reivindicando que las islas menores como Lanzarote tenemos muchas dificultades para exponer fuera de aquí. Estamos un poquito más olvidadas, más relegadas y es una oportunidad para decir: “Mira, somos islas menores y podemos exponer en la sala del Parlamento de Canarias”.



Lejos de disminuir, su actividad artística, tanto con los talleres como con exposiciones individuales, se ha incrementado en los últimos años. ¿Qué mantiene viva esa curiosidad de Rosa Vera para seguir creando?
Yo creo que siempre he sido así. Tengo mucha hiperactividad, siempre estoy pensando, siempre estoy haciendo. Cada día dibujo, cada día hago algo, aunque esté en una cafetería. Soy una enamorada del mundo del arte, soy una enamorada de experimentar, de conocer, de transmitir… Y también soy una enamorada de respetar a todo el mundo y de pensar que todo el mundo tiene algo que aportar en el mundo del arte, siempre desde la honestidad y desde la humildad.
“En Lanzarote estamos más relegados y ahora tengo una oportunidad de decir: Mira, somos islas menores y podemos exponer en el Parlamento de Canarias”
En 1979 ya ganó un Certamen de Dibujo y Pintura de Arrecife y en 1986 y 1987 los concursos del cartel del Carnaval de Puerto del Carmen. ¿Diría que cuando llegaron esos primeros reconocimientos ya era artista, o esa condición llega con el tiempo?
Aquí en aquella época había muy pocas oportunidades. No existía El Almacén como tal, sino la Sala El Aljibe, que luego tuvo su reforma. A lo mejor te podías ir a algún centro cultural, pero había muy poca cosa. Ahora la verdad es que estamos bien, pero podemos tener más. Tenemos la Casa de la Cultura, que está muy bien acondicionada, y han ido surgiendo otros espacios. Hay poquitas cosas todavía, pero antes había cero. Y yo siempre he pensado que las oportunidades las buscas con tu trabajo y demostrando lo que eres, lo que transmites y lo que quieres. El mundo del arte me parece un vehículo ideal para transmitir ideas, pensamientos y reflexiones, y por eso lo hago. Me apasiona y por eso estoy continuamente trabajando y generando ideas, porque me siento bien. ¿Qué es más importante en este mundo, sino sentirse bien por lo que uno hace?
“El collage siempre se consideraba una técnica menor, pero es inmenso el poder que tiene, y es importante hacer una labor de democratizarlo”
¿Y cómo diría que ha evolucionado usted como artista desde entonces?
Bueno, tengo más seguridad y vas aprendiendo muchas cosas a lo largo del tiempo. Cómo debes presentar tus cosas, cómo las vas a exponer al público… Esto es un aprendizaje de toda la vida. Todo es exposición tras exposición, y en algunos casos con carencias. Antes montabas tú, te hacías tus propios carteles… Hoy en día te ayudan más las instituciones o las entidades privadas, pero todavía sigo haciendo algunas cosas sin ayuda de nadie, porque a mí no se me caen los anillos si tengo que taladrar o lo que sea. El mundo del arte es así.