Eli Sanz, un verano de “Lecturas que Dejan Huella”
“En las intervenciones asistidas con perros, hay momentos que son pura magia”
Lecturas que Dejan Huella
De 6 a 12 años
10, 17, 21 y 24 de agosto de 10 a 12 h
Centro Cívico de Arrecife
Reservas: eli.dejandohuella@gmail.com
Cuando Cartucho entra a la Biblioteca del Centro Cívico de Arrecife, ya nadie se sorprende. Lleva acudiendo dos veces por semana desde el pasado 13 de julio y volverá cuatro días más en agosto, para demostrar que un perro puede ser un gran aliado de la lectura. Concretamente, de las “Lecturas que Dejan Huella”.
Durante las dos horas que dura la actividad, menores de entre 6 y 12 años tienen tiempo para todo: leer, aprender a gestionar emociones, hacer manualidades… Y por supuesto, hablar de sus mascotas, que incluyen desde tortugas, peces, pájaros y cobayas, hasta caracoles. También para mantener apasionados debates sobre la esperanza de vida de un hámster, o para poner a prueba sus conocimientos sobre los perros, que resulta que perciben principalmente tres colores, y dos de ellos están en la bandera canaria: el amarillo y el azul.
Cartucho, sentado o tumbado sobre su manta, asiste paciente al taller, hasta que llega su momento de intervenir, buscando caricias y premios entre los niños. Al terminar, casi todos tienen claro qué ha sido lo mejor: “El perrito”. No son los únicos que han conocido sus virtudes, porque Eli Sanz lleva ya tres años realizando intervenciones asistidas con perros con distintos colectivos.
El responsable de que se embarcara en esta aventura fue Rofe, su perro más veterano. “Es tan bueno que siempre le dejaba jugar con los niños”, recuerda Eli. Pero un día, en un cumpleaños, descubrió su verdadero poder. “Una mamá llegó llorando porque su hija, que no estiraba los bracitos porque tenía una discapacidad muy importante, los estiró con Rofe. ¡Madre mía! Se me descubrió un mundo que hasta ese momento no había conocido”.
Ahí decidió “investigar”. Quería formarse y tras contactar con varias entidades descubrió Dejando Huella, que tiene su sede en La Rioja. “Fue un año muy duro de viajes, de compaginarlo con mi trabajo, de tener también que viajar con Rofe a la Península…”. Al final, decidió dejar su trabajo y puso en marcha Dejando Huella Lanzarote, que ofrece desde formación canina hasta distintos proyectos de intervención asistida con perros.
En este tiempo ha trabajado con casi todos los colectivos. Desde mayores – “prácticamente hemos trabajado ya en todas las residencias de la isla”-, hasta personas con distintos tipos de discapacidad, alumnado de las Aulas Enclave o usuarios de la residencia y del centro de día de Zonzamas. “Creo que es el proyecto más especial. A los chicos les enseño cómo trabajo con los perros y luego ellos me acompañan y son los que realizan las sesiones. Es maravilloso porque se crea un vínculo entre diferentes colectivos con distintas necesidades que para mí es magia. De repente son ellos los que están haciendo terapia a otras personas”.
Su última aventura, con el apoyo de la Concejalía de Cultura, ha sido llevar esas intervenciones al Centro Cívico de Arrecife, uniendo niños, cuentos y el toque mágico de Cartucho.
Isabel Lusarreta
“Lecturas que dejan huella” une dos cosas que, a priori, parecen muy distintas: la lectura y un perro. ¿Cómo llegó a esa combinación?
En Lanzarote y en Canarias es la primera vez que se hace la lectura asistida con perros, pero en la Península se ha desarrollado mucho. Forma parte de las actividades de ocio asistido que desarrollamos desde Dejando Huella. Aquí el objetivo principal es fomentar la lectura, despertar el interés por los libros y ayudar a los niños y a las niñas a crear un hábito lector, pero de una forma divertida y motivadora, con la compañía de los perros. Porque si a la lectura le sumamos la presencia de un perro dentro de la biblioteca, que para la mayoría de los niños es algo muy especial, conseguimos que la experiencia sea más atractiva y más significativa.

“Un perro dentro de la biblioteca, que para la mayoría de los niños es algo muy especial, hace que la experiencia sea significativa”
En la sesión el libro es casi un punto de partida para hablar de emociones, respirar, jugar y relacionarse con Cartucho. ¿Qué papel juega realmente la literatura dentro de la experiencia?
Al final nosotros lo que trabajamos es la atención, la comprensión lectora y la capacidad de interiorizar contenidos de una manera más práctica y evidencial, más que la literatura como tal. Uno de los mayores retos actualmente es mantener la atención y la concentración en la lectura por la sociedad en la que vivimos, que está marcada por pantallas y por estímulos constantes. A los niños les cuesta sentarse a leer y nuestro objetivo es que descubran que leer puede ser divertido y que los libros se pueden convertir en una experiencia emocionante. Y además de fomentar el hábito lector, también trabajamos valores muy importantes para el desarrollo personal.
¿Qué aporta un perro que difícilmente podría conseguir otro recurso educativo?
Creo que esa capacidad de comprender mejor lo que están leyendo. No se trata solamente de leer un cuento con un perro al lado. Durante la lectura vamos realizando diferentes dinámicas con los perros relacionadas con la historia. Según lo que ocurre en el libro, el perro realiza determinadas acciones o participa en actividades que ayudan a los niños a comprender mejor lo que están leyendo. Cuando leemos “Tengo un volcán” y aparecen unas hadas, el hecho de que aparezcan “de verdad” -en unas tarjetas que entrega a los niños con Cartucho disfrazado de hada-, y que con ellas hagamos una respiración, que es lo que se está explicando en el libro, aporta una dinámica real que es muchísimo más sencilla de asimilar.
“Se me abrió un mundo cuando una mamá llegó llorando porque su hija, que no estiraba los bracitos por una discapacidad, los estiró con Rofe
Lleva años trabajando con perros de intervención en contextos muy diferentes. ¿Qué tienen en común un niño en una biblioteca, una persona con discapacidad o un usuario de un recurso social cuando aparece un perro?
Creo que la sensibilidad de la persona cambia. Quizá ya no sienten que la sesión va dedicada a ellos, sino que hay otro ser vivo con nosotros que es el que capta absolutamente toda la atención. Las personas se sienten mucho más cómodas. Nosotros hemos realizado sesiones con personas con problemas de salud mental y no tiene nada que ver cómo son capaces de abrirse cuando está el perro o cuando no está.

Y en cuanto a los perros, ¿tienen que tener unas características determinadas para participar en estas actividades o se puede conseguir con adiestramiento?
No cualquier perro puede realizar este trabajo, sobre todo por el tema del bienestar animal, porque no cualquiera disfrutaría. Un perro de intervención necesita una excelente regulación emocional para desenvolverse con tranquilidad, porque trabajamos en entornos muy diferentes. Debe tener una gran capacidad de espera, permitiendo que el niño lea a su ritmo sin sentirse presionado. Cartucho, por ejemplo, es un perro todavía muy joven, de un año y medio. En ocasiones se levanta, pero para ser tan pequeñito, tiene una capacidad de quedarse quieto que es increíble. Y eso se consigue también con mucho trabajo. Debe ser un perro que esté entrenado para participar en diferentes dinámicas y actividades educativas.
“Hemos realizado sesiones con personas con problemas de salud mental y no tiene nada que ver cómo son capaces de abrirse cuando está el perro”
Las intervenciones empezaron con Rofe y luego se sumó Cartucho. ¿Cambian mucho las sesiones en función de qué perro participe?
A Rofe no me lo llevaría al proyecto de “Lecturas que Dejan Huella”. Si me acompaña algún día será porque hay niños que lo conocen y me piden encarecidamente que quieren volver a ver a Rofe, porque ha pasado por los coles, pero al ser un perro de trabajo, un perro pastor, él necesita estar haciendo cosas. Se quedaría tumbado a mi lado y estaría muy tranquilo, pero no estaría disfrutando nada. Sin embargo, Cartucho es un perro al que le encanta el contacto, las caricias, que lo toquen… Le encanta estar. Él con estar se siente feliz. Rofe, sin embargo, es para colectivos un poco más adultos. Por ejemplo en el proyecto que estamos llevando a cabo con Adislan, el trabajo de Rofe es increíble.

Imagino que en todo este tiempo habrá vivido momentos muy especiales. ¿Hay alguna historia que recuerde especialmente porque le hizo pensar: “esto merece la pena”?
Desde luego hay muchos momentos. Cuando una persona sonríe, sobre todo cuando normalmente no sonríe, ya soy muy feliz y creo que esto tiene mucho sentido. En la segunda sesión que hicimos hace un montón de tiempo ya, que Rofe aún no tenía experiencia y yo tampoco, hubo una niña chiquitita a la que le daban bastante miedo los perros. Tenía ciertas dificultades tanto físicas como cognitivas y no consiguió acercarse a Rofe hasta el final de la sesión. Se acercó, se puso el aparatito que usan los médicos para auscultarte y empezó a auscultar a Rofe.
Fue ella la que se acercó y Rofe se quedó completamente quieto, que él no se suele quedar nunca parado, con la cabecita gacha mientras ella iba auscultándolo. Creo que es de los momentos más bonitos. Lo pienso y me emociono todavía recordando cómo los padres se pusieron a llorar. Hay momentos que son pura magia.
“No cualquier perro puede realizar este trabajo, sobre todo por el tema del bienestar animal. Necesita una excelente regulación emocional”
A alguien que piense que las intervenciones asistidas con animales son una actividad llamativa, pero poco más, ¿qué le diría para explicar el trabajo profesional que hay detrás?
Además de que somos personas que tenemos mucha formación, tenemos también la suerte de saber rodearnos de profesionales relacionados con la salud. Yo no puedo desarrollar un proyecto porque yo quiera en un centro de mayores o en un colegio. Por ejemplo, en “Lecturas que Dejan Huella” me ha acompañado una profesional dedicada al ámbito educativo, que ha sido Nerea, de La pizarra de Nerea.
Trabajamos de la mano con profesionales de la salud o de la enseñanza, y contando con algo tan potente como puede ser otro ser vivo, que está perfectamente formado como perro de intervención. Todo para conseguir eso: hacer feliz a una persona o simplemente que esa persona, durante ese momento, no piense en nada más, que esté con nosotros. A mí me parece un logro increíble. Creo que hay terapias maravillosas y cualquier terapia es súper útil, pero esta en concreto, vemos día a día los resultados. Y cuantas más oportunidades nos den de demostrarlo, más se conocerá, porque se conoce muy poquito todavía.

Después de años observando a niños y adultos junto a los perros, ¿qué cree que nos enseñan ellos sobre la manera de relacionarnos? ¿Qué podemos aprender nosotros de los animales?
A mí, desde luego, me han cambiado la vida por completo. Yo era una persona que iba súper rápido a todos los sitios, que no tenía paciencia, que no sabía disfrutar de un momento de estar tranquila, sin hacer nada. Creo que tenemos mucho que aprender. Son seres vivos que no juzgan, simplemente están, apoyan. Y también el vivir el presente. Creo que ese es el mayor aprendizaje que podemos obtener de los perros: vivir el presente. Si pasa una mariposa, observar esa mariposa durante todo el tiempo que está delante nuestro y no estar pensando en lo que tenemos que hacer o en lo que deberíamos haber hecho. A mí eso me da mucha envidia de ellos.
“El mayor aprendizaje que podemos obtener de los perros es vivir el presente. A mí eso me da mucha envidia de ellos”
Si dentro de diez años uno de los niños que han participado en sus talleres recordara esta experiencia, ¿qué le gustaría que recordara: el libro, el perro… o cómo se sintió aquel día?
Desde un punto de vista un poco más profesional, si al terminar el verano consiguiéramos que un niño se vaya a casa con ganas de abrir un libro por iniciativa propia, ya habrá merecido la pena. Y si además se lleva un recuerdo bonito de los perros, de la biblioteca y de todo lo que ha aprendido, el objetivo estará más que cumplido.