Isabel Lusarreta
“Estar en La Geria e imaginar cómo pudo ser todo esto cuando la tierra empezó a rugir te vincula con la isla. Es un sentimiento; es algo muy nuestro”. Para la secretaria del Consejo Regulador, Nereida Pérez, esa sensación resume lo que la vid y el vino significan para Lanzarote: “Identidad, cultura y tradición”. También paisaje y memoria. Por eso para el presidente, Jorge Rodríguez, los vinos de Lanzarote no tienen consumidores o clientes: tienen “fans”.
“Aunque el sector no atraviesa su mejor momento, porque el consumo de vino va en continuo descenso en toda España, aquí vivimos en nuestra propia burbuja”, subrayan. Las cifras hablan por sí solas.
Cuando en diciembre de 1993 se creó el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Lanzarote, arrancó con cuatro bodegas: El Grifo, Mozaga, Bodegas Barreto y La Geria. Hoy tienen censadas 40, y la mayoría se han incorporado en la última década. En 2012 habían llegado a 15 bodegas y desde 2017 se han sumado 25 más, siete de ellas en el mismo año 2024.
“Algunas venían de hacer vino en su casa, pero vieron una oportunidad y se profesionalizaron”, apunta el presidente. No obstante, también aporta un dato que considera “demoledor”, y que ayuda a entender la estructura del sector: “Siete bodegas representan el 80% de toda nuestra producción”. Eso sí, todas ellas -las más asentadas y las pequeñas bodegas que se van abriendo hueco-, comparten un problema común: la escasez de uva que ha marcado los dos últimos años.
Cuando las cosechas se reducen a la mitad o incluso a un tercio de lo habitual, como ocurrió en 2025, la dificultad no está en vender, sino en producir y en dar respuesta a la demanda.
“Haciendo malabares”
“Por suerte o por desgracia, nosotros no tenemos cosechas medias. Tenemos muchas fluctuaciones porque estamos fuera de la latitud donde se debería cultivar la viña, y eso se traduce en que podemos tener un año con casi 4 millones de kilos de uva y después estar como estas dos últimas cosechas, que tuvimos 1,3 millones en 2024 y el año pasado 840.000”, explica el presidente del Consejo, que como bodeguero lo ha sufrido en carne propia.
“Desde el 1 de septiembre tienes que estar haciendo malabares y hablando con tus clientes para decirles: Mira, si el año pasado te vendía diez cajas mensuales, pues este te va a tocar una”.
“Aunque en España el sector no atraviesa su mejor momento, porque el consumo de vino va en descenso, aquí vivimos en nuestra propia burbuja”
“En las cadenas de alimentación de la isla o en la restauración ya están concienciados y saben que es así”, añade Nereida Pérez. Sin embargo, el problema está en las ventas a grandes cadenas o espacios gourmet fuera de las islas: “Como tú te caigas de un lineal, a lo mejor no vuelves a entrar hasta dentro de cinco años”.
De hecho, eso ha frenado también las exportaciones. “Demanda sí hay, pero la producción es la que es y nuestra realidad también”, precisa Jorge Rodríguez. Por eso, aunque las ventas fuera de Canarias se han ido incrementado en los últimos años, a día de hoy siguen representando menos del 10% del total. “Más del 90% de nuestro vino se queda en Canarias”, subraya.
En poco más de una década, el número de bodegas censadas en el Consejo Regulador se ha disparado de 15 a 40
En 2025, el 6,9% de la producción viajó a la Península y el 2,7% al extranjero, mientras que el 40,4% fue a otras islas del archipiélago, especialmente Fuerteventura y Gran Canaria, y el 50% se quedó en Lanzarote. Aún así, no pudieron atender todos los encargos, y este año está siendo aún peor. “Los bodegueros lo están pasando fatal”, apunta Nereida Pérez, que explica que en la última Wine Run, algunos acudieron solo al final y con menos botellas, para reservar existencias y poder cumplir con los clientes habituales.
No obstante, pese a las dificultades que supone para el negocio, el presidente del Consejo cree que esto también tiene cosas positivas.
“Nosotros tenemos que acostumbrar al cliente a que vivimos en una zona muy complicada para cultivar viña y que no todos los años se puede obtener una cosecha como en otras regiones del mundo. Entonces, cuando tú te bebes una botella de Lanzarote, sea de la bodega que sea, es un producto único, y eso nos hace ganar en credibilidad”.

El gran salto
Las erupciones volcánicas del siglo XVIII fueron las que transformaron no solo el paisaje, sino también el tipo de cultivo en las inmediaciones de Timanfaya.
La vid echó raíces en Lanzarote, gracias al ingenio de los agricultores, que encontraron la forma de proteger las parras con esos hoyos que hoy son una de las señas de identidad de la isla. Poco después nacía El Grifo, que es la bodega más antigua de Canarias y una de las más longevas de España.
En los años y en los siglos siguientes llegarían otras, pero fue hace 33 años cuando el sector dio un salto cualitativo, con la creación del Consejo Regulador. Este órgano no solo aportaba un sello y una garantía de calidad: también impulsó el nacimiento de nuevas bodegas Y eso estimuló a todas para mejorar y diferenciarse, y no solo con sus caldos. “Un cambio importante lo hizo Bermejo, al sacar esa botella que casi parecía de aceite”, recuerda la secretaria del Consejo. A partir de ahí, muchas otras bodegas buscaron sus propias señas de identidad, tanto con la forma de las botellas como con las etiquetas.
Los precios también fueron aumentando, especialmente en los últimos años, en parte por la inflación generalizada y en parte por la propia complejidad del proceso en Lanzarote. “El precio medio del kilo de uva en la Península está a 80 céntimos, y hay zonas que como tengan un exceso de producción se paga a 20 céntimos, y aquí cuesta entre 3,80 y 4 euros el kilo”, subrayan desde el Consejo.
No obstante, también consideran que los restaurantes de la isla deberían ajustar más sus márgenes, ya que algunos están cobrando hasta 15 euros más por botella, con respecto al precio al que se lo venden las bodegas.
“Es un debate importante que siempre se queda ahí, porque es verdad que la relación de los bodegueros y del Consejo Regulador con el sector restauración es muy buena y vamos de la mano en todos los eventos que se hacen, como Saborea Lanzarote, pero habría que buscar la manera de que el vino en un restaurante no esté tan caro”.
De momento, la mayor subida de precios ha coincidido con este periodo de escasez en la producción, lo que también ha retrasado ese debate. “Venimos de vendimias cortitas y se ha vendido todo, pero como se nos den dos vendimias de 2,5 o 3 millones de kilos de uva, seguro que vamos a tener más de un foro donde se plantee”, vaticina Nereida Pérez.

El presidente y la secretaria del Consejo Regulador, Jorge Rodríguez y Nereida Pérez
“Un lujo”
Más allá de esta cuestión, el presidente del Consejo insiste en que el precio del vino de Lanzarote, por sus características, nunca podrá ser el mismo que el de otras Denominaciones de Origen, y además adelanta que la tendencia será a seguir subiendo.
“Lo que nos costaba producir antes un kilo de uva ahora nos cuesta 10 veces más, y en un futuro con menos recursos, porque vamos a tener menos recursos, el vino va a ir a precios cada vez más altos”. De hecho, cree que terminará siendo “un producto de lujo”.
La escasez de uva tras las dos últimas cosechas ha impedido a las bodegas atender toda la demanda que existe dentro y fuera de la isla
Eso sí, desde el Consejo Regulador también confían en la fidelidad de sus “fans”. “Es verdad que nuestra malvasía es impresionante y quien la bebe dice que no tiene nada que ver almorzar con otro vino”, apunta Nereida Pérez. Por eso, una de sus misiones se centra en seguir fidelizando y en ganar nuevos adeptos.
La Semana del Malvasía, las catas y los maridajes son algunas de las actividades que organiza el Consejo. La mayoría se hacen en grupos reducidos de unas 30 plazas, para asegurar la calidad de la experiencia, y suelen agotarse nada más salir. “La gente pasa un rato diferente y súper divertido”, subrayan.
De hecho, aunque siempre aparecen rostros nuevos, también son muchos los que repiten: “La idea es que se conviertan en fans de vinos de Lanzarote, porque esa unión no se rompe nunca”.
“Vivimos en una zona muy complicada para cultivar, pero eso hace que cuando tú bebes una botella de Lanzarote, sea un producto único”
Las rutas de senderismo o citas consolidadas como la Wine Run, destacan que también contribuyen a “transmitir la importancia de este territorio y lo que cuesta mantener esto.
Lo que nos identifica, lo que nos diferencia”. Además, las bodegas llevan años impulsando cada vez más actividades. Desde visitas a sus instalaciones y catas, hasta eventos culturales y musicales, como los “tardeos”, con los que también están consiguiendo conectar con un público más joven.
Retos de futuro
Llegar a las nuevas generaciones es un desafío para todo el sector vitivinícola, porque entre los jóvenes se está perdiendo la cultura del vino, pero el presidente del Consejo es positivo.
“Tú vas a la Península y la gente joven no bebe vino. Nada. Pero hay muchas zonas de Lanzarote donde puedes ir una tarde y ver gente joven, ya sea una copa o compartiendo una botella, pero bebiendo vino”.
Nereida Pérez coincide, y matiza: “A lo mejor no el público de 18 a 24 años, pero a partir de los 24 o 25, sí notas que se interesan”.
Y creen que en eso pueden estar influyendo también las redes sociales, donde la imagen disfrutando de una copa de vino en La Geria ha ganado “caché”, gracias también a algunos influencers.
De hecho, el propio Consejo ha impulsado actividades en esa línea, como un concurso con el que animaban a los jóvenes a subir sus fotografías a Instagram.
Cada vez se desarrollan más actividades culturales vinculadas a la enología, y las plazas se agotan: “Ayudan a transmitir la importancia de este territorio”
Además, afirman que cada vez más jóvenes participan en los eventos que organizan tanto el Consejo como las bodegas, que han encontrado ahí otra forma de diversificar su actividad y sus ingresos, especialmente en años como los que están afrontando de escasez de vino.
“Era importante que pudieran tener una actividad complementaria ligada al enoturismo, porque en esos años donde tú vas a tener una pérdida por la venta del producto, a lo mejor puedes mantener las instalaciones y el personal derivándolo un poco a esas actividades complementarias”, destaca Pérez.
De cara a la próxima vendimia, apunta que las previsiones eran buenas, aunque ahora están “cruzando los dedos”. De momento, un ataque de mildiu el pasado mes de febrero mermó parte de la cosecha, y las próximas semanas serán decisivas.
La época de recoger los frutos de la cosecha se acerca, y las olas de calor que suelen llegar a finales de julio pueden ser muy dañinas en ese momento tan delicado.
En cualquier caso, esperan remontar las cifras de 2025, que dejó uno de los peores datos desde que hay registros.
En la última década solo ha habido uno peor, 2016, con 695.571 kilos de uva recogida, pero el año anterior y los dos posteriores fueron de abundancia, rozando en algunos casos los 4 millones de kilos. Al final, eso es lo que permite equilibrarse al sector, y es lo que esperan que siga ocurriendo en el futuro.
Además, la otra esperanza es que se sigan recuperando terrenos de cultivo que se fueron abandonando, lo que redundaría tanto en beneficio del sector como del paisaje insular: “Si seguimos teniendo esta aceptación y comercializamos los vinos como hasta ahora, yo creo que se recuperará mucha más viña”.
